EMPERADORES ROMANOS
Augusto (-27/14)
Tiberio (14/37)
Calígula (37/41)
Claudio (41/54)
Neron (54/68)
Galba (68/69)
Otón (69)
Vitelio (69)
Vespasiano (69/79)
Tito (79/81)
Domiciano (81/96)
Nerva (96/97)
Trajano (98/117)
Adriano (117/138)
Antonino Pío (138/161)
Marco Aurelio y Lucio Vero (161/169)
Marco Aurelio (169/180)
Cómodo (180/192)
Pértinax (193)
Didio Juliano (193)
Septimio Severo (193/198)
Septimio y Caracalla (198/211)
Caracalla y Geta (211/212)
Caracalla (212/217)
Macrino (217/218)
Heliogábalo (218/222)
Alejandro Severo (222/235)
Maximino Tracio (235/238)
Gordiano I (238)
Gordiano II (238)
Balbino y Pupieno (238)
Gordiano III (238/244)
Filipo I (244/246)
Filipo I y Filipo II (246/249)
Decio (249/251)
Treboniano Galo (251)
Galo y Hostiliano (251/252)
Galo y Volusiano (252/253)
Emiliano (253)
Valeriano (253/254)
Valeriano y Galieno (254/260)
Galieno (260/268)
Mario (268)
Claudio II (268/270)
Aureliano (270/275)
Tacito (275/276)
Floriano (276)
Probo (276/282)
Carino (283/284)
Carino y Diocleciano (284/285)
Diocleciano (285/286)
Diocleciano y Maximiano (286/293)
Maximiano y Constancio Cloro (293/305)
Constancio Cloro (305/306)
Severo II (306)
Severo II y Constantino I (306/307)
Licinio y Maxcencio (307/311)
Licinio y Constantino I (312/324)
Constantino I (324/337)
Constantino II (337/340)
Constantino II y Constancio II (340/350)
Constancio II (350/361)
Magnecio (350/351)
Magnecio y Decencio (351/353)
Juliano (361/363)
Joviano (363/364)
Valentiniano (364/375)
Graciano (375/383)
Valentiniano II (383/392)
Teodosio (392/395)
Honorio (395/421)
Honorio y Constancio II (421)
Honorio (421/423)
Juan (423/425)
Valentiniano II (425/455)
Petronio Maximo (455)
Avito (455/456)
Mayoriano (457/461)
Severo III (461/465)
Antemio (467/472)
Olibrio (472/473)
Glicerio (473/474)
Nepos (474/475)
Romulo Augustulo (475/476)
TIBERIO
Tiberio Julio César, nombre adoptado por este Emperador desde antes de serlo, o sea, desde que fue adoptado como Augusto para sucederle, puede que no hubiera pasado a la posteridad con el protagonismo con que lo hizo a no ser por, entre otras razones ganadas a pulso, ser el dueño del Imperio Romano en la época en que será ejecutado Jesús de Nazareth en la cruz. También contribuyó a ser conocido por su morbosa conducta sobre todo tras su retiro en la isla de Capri, con su vida de crápula que, quiza hiperbólicamente, tan bien describió el historiador Suetonio. Además, Tiberio, que antes que emperador fue un excelente militar que luchó y ganó territorios para el principado de Augusto primero, y para el Imperio después, será en realidad el primer Emperador que lo fue de principio a fin, a diferencia de su padrino Octavio Augusto, que había empezado su mandato bajo el Principado, que era un régimen-puente entre lo anterior, la República Romana, y lo que será, muy pronto, el Imperio. Nacido en Fondi (Palatino), como ya se ha dicho, Tiberio fue el segundo mandatario que usó el título de emperador de Roma tras Octavio Augusto. Alguien dijo que con Tiberio se inauguraba la serie de los emperadores monstruos, cuyos extravíos, en panicular los de Tiberio, serían conocidos y, de alguna manera, aceptados e imitados por el propio pueblo. Tiberio Claudio era hijo de Tiberio Nerón y de Livia Drusila, después mujer de Octavio Augusto, siendo adoptado por éste, al que sucedió ya en plena madurez (contaba 55 años) el año 14 en el trono imperial, con el nombre de Tiberio Julio César. Al nacer se presentaron algunos signos que el astrólogo Escríbonio interpretó en el sentido de que aquel niño tenía al destino de su parte y que llegaría a ser todopoderoso en la gobernación de Roma. Fue adoptado por el senador M. Galio, quedando huérfano de padre a los 9 años. A diferencia de los astros, según los cuales el destino le reservaba un porvenir espléndido y triunfal, su profesor de retórica Teodoro de Gadara, vio en su pupilo algo muy distinto. Con sus propias palabras, su alumno era «lodo amasado con sangre». Dueño de una robusta juventud y una belleza serena, Tiberio gozaba de una excelente forma física, que le hacía despreciar a los médicos y sus consejos. Era vegetariano, costumbre que no consideraba incompatible con la afición de excelente bebedor, que llegaría a límites extraordinarios a partir de su autoexilio en la isla de Capri. Como se apuntó, Tiberio fue adoptado por Octavio Augusto y nombrado heredero junto a Marco Agripa Póstumo. Ambos eran buenos guerreros que lucharon juntos y sometieron a los panonios, después de lo cual, algún tiempo más tarde, Tiberio deportó y mandó asesinar a Marco y quedaba como único sucesor del primer emperador de Roma. Se había casado en primeras nupcias con Vipsania Agripina, con quien tuvo un hijo. Druso. Pero Octavio le fuerza al abandono de aquella primera esposa y le obliga a casarse con su propia hija, Julia. Sin embargo su nueva esposa tampoco le duraría mucho ya que, debido a su vida disoluta y libertina, de acuerdo con Octavio, el esposo ultrajado agravará el destierro que le había impuesto el Emperador, prohibiéndole salir de su casa y —castigo particularmente muy cruel para el temperamento de Julia—, mantener bajo ningún concepto relaciones sexuales, y menos con aquel su último amante que no tenía empacho en exhibir en público, Sempronio Graco. Además, y aprovechando la oportunidad de la ausencia de la hija de Octavio, Tiberio acabó apropiándose del dinero y de las rentas de su segunda esposa a la que posteriormente también ordenará matar junto a su amante. Tiberio había iniciado su carrera militar a las órdenes del que sería su suegro y protector, Octavio Augusto, combatiendo a los rebeldes cántabros en España, y a los armenios en el otro extremo del Mediterráneo. En este tiempo de servicio a Octavio, gobernó la Galia y guerreó en Germania. Tras estas campañas militares, en las que desarrolló como excelente estratega, regresó a Roma, donde fue recibido multitudinariamente enarbolando las insignias del triunfo, nueva clase de trofeo y de premio inexistentes antes de él. Contra todo pronóstico, el general victorioso no se dejó llevar por el ambiente de euforia y decide abandonar la ciudad dirigiéndose, primero a Ostia y después a Rodas, llevando allí una existencia modesta y tranquila durante siete años. En su autoexilio recibió la noticia de que su suegro lo había divorciado en su nombre de su hija, legalizando así la separación de hecho que ya existía entre los esposos. Después será nombrado tribuno por un lustro y, a su regreso a Roma, coronado de laurel, podrá tomar asiento junto al Emperador. Cuando Octavio Augusto muera, Tiberio estará junto a él, retardando el tiempo de dar la noticia al resto de la gente para poder desembarazarse de Agripa, su coheredero según deseo del Emperador fallecido. Una vez cometido el crimen, entonces sí, Tiberio asumirá que es el nuevo amo de Roma. Tiberio, a pesar del primer crimen de su reinado, fingió no desear el ejercicio del poder, hasta el punto de sentirse verdaderamente presionado para que tomara el mando del Imperio, lo que aceptó, aparentemente, de mala gana. Una vez ante el hecho consumado, prosiguió su etapa de abulia personal aunque compaginó su aburrimiento con certeras medidas de gobierno tendentes a sanear la vida romana y, al mismo tiempo, pareció evidenciar su deseo de hacer feliz a su pueblo. En este sentido son paradigmáticas algunas decisiones como, por ejemplo, la que prohíbe terminantemente que se levanten templos en su honor, o que se cincelen estatuas con su figura, o que se reproduzca su rostro en retratos, entre otras en esta dirección. Además, evita también que se le coloque junto a los dioses como una más de las divinidades. Admite las críticas y suyas son estas palabras: «En un Estado libre, la palabra y el pensamiento debían ser libres». Poco adicto a las religiones, prohibió todas las foráneas, incluso la de Isis y la de los judíos, a los que sumó la persecución de los astrólogos, que con sus artes adivinatorias, sin duda pudieron ver la llegada de malos tiempos para sus lucrativas predicciones. En consecuencia, y a tenor de lo anterior, y aunque al principio demostró ser bastante hábil y prudente (de hecho, hay historiadores que intentan rescatar su lado positivo, y lo presentan como el más inteligente de los emperadores, gran trabajador y buen administrador, sin olvidarse de su buena disposición como guerrero), lo cierto fue que muy pronto se volvió un desconfiado patológico, lo que le convirtió en un ser de crueldad manifiesta. También se entregó desde el primer momento, a la consecución de todo aquello que excitara y aumentara sus placeres, sobre todo los relacionados con el sexo, sin diferenciar el género de estos. Incluso llegó a crear el cargo de intendente de los place res, con la tarea única de buscarle carne joven y dispuesta que satisficiera su gula sadopatológica. Patología que se extendía a su crueldad incluso para con personas de su familia. Así, dejó morir a su propia madre y, una vez muerta, prohibió absolutamente que fuese recordada con cariño. Más tarde, y perdido ya el norte, impidió a los familiares de los que mandaba matar que exteriorizaran su dolor llevando luto, al mismo tiempo que premiaba espléndidamente a toda clase de delatores, sin comprobar la veracidad de las delaciones. Persiguió con ensañamiento a los políticos más importantes que le rodeaban, apoderándose sistemáticamente, tras la defenestración de los mismos, de sus posesiones y riquezas. Para ello le fue muy útil la promulgación de la Lex Majestatis (Ley de Majestad) que le otorgaba plenos poderes y que, bajo la más mínima sospecha, le permitía acabar con la vida y los bienes de cualquiera. Muy influido por el prefecto Sempronio (que en realidad era el que llevaba las riendas del Imperio), las continuas delaciones de éste provocaban, indefectiblemente, la más dura represión del Emperador, que no sólo conseguía ejecutar y eliminar a cientos de personas acusadas de lesa majestad, sino que sólo con el terror que se respiraba en el ambiente provocó gran número de suicidios entre sus enemigos. Por ejemplo, ordenó la muerte de la madre de Fusio Gemino (al que acababa de matar) porque aquella lloró desconsoladamente el trágico fin de su hijo. Mató también al hijo adoptivo de Agripina, Gernánico, muy querido por los romanos, haciendo que la gente le gritara con desesperación y rabia: «Devuélvenos a Germánico!». Incluso llegó a azotar de forma humillante a la misma Agripina, convertida en su nueva esposa, que, a consecuencia de la terrible paliza, acabó perdiendo uno de sus ojos. No contento, la encerrará y la irá matando de hambre poco a poco. Pero tardaba tanto en morir que, impaciente, mandó que la estrangulasen. Su vesania no conocía límites, y también llegaría hasta el propio ejecutor de sus maldades, aquel ministro cómplice, Sejano. No sólo ordenó la muerte de su hasta hacía poco brazo ejecutor, sino el de toda su familia, incluida una niña de once años. Como las leyes prohibían condenar a muerte a las vírgenes, Tiberio ordenó al verdugo que antes de cumplir la sentencia, la violara y desvirgara. Una mujer de la corte, Malona, anunció su suicidio antes que yacer con «ese viejo sucio y repugnante». Era ésta la hija de un senador llamado Marco Sexto, hombre honrado que se sentía orgulloso de aquella hermosa hija que guardaba con celo en su mansión ante los peligros de la corte imperial y, en especial, deseaba que Tiberio no supiera de su existencia. Pero al cabo el Emperador se enteró y, jugándoselo todo para conseguir aquella virgen, acusó a la hija y al padre de incesto, condenando a ambos según las leyes. Una vez con el camino más despejado, Tiberio quiso abusar de su prisionera quien, ante el ataque del César, se resistió violentamente, cediendo tan sólo a un cunilinguo de Tiberio. Fue después de esta humillación cuando Malonia regresó a su casa y se atravesó el corazón con un puñal, no sin antes maldecir al viejo de Capri. Ese viejo sucio y repugnante no lo era tanto cuando decidió retirarse a Capri (ya nunca más regresará a Roma), idílica isla donde se entregará, libre de cualquier atadura, a dar rienda suelta a todos sus vicios hasta entonces más o menos controlados y ocultos. Así se desarrollaría su estancia en tan paradisíaco lugar hasta el último momento de su existencia, instalando una escandalosa corte en la que tenían lugar desenfrenadas orgías durante las que los protagonistas —y las víctimas también— eran niños y adolescentes con los que el selecto emperador practicaba y ensayaba todas las sevicias de las que su imaginación era capaz. También disfrutaba con jóvenes y adultos de ambos sexos, con los que se solazaba asistiendo a un espectáculo llamado spintries, que consistía en una unión sexual a tres (muchachas y jóvenes libertinos, revueltos), que tenían que actuar hasta que el tirano se desahogaba. Para excitarse él y los que actuaban para él, tenía una apropiada biblioteca con obras de una célebre poetisa llamada Elefántide de Mileto, y de otros autores como Hermógenes de Tarsia o Filene, todas ellas hijas de un mismo motivo y un estilo especialmente dirigido a la excitación de los sentidos. Pero si los textos sicalípticos ocupaban la biblioteca de Tiberio en Capri, también necesitaba, y buscaba, cuadros de la misma temática que acompañaran a sus escenas orgiásticas. A precio de oro compró una ya entonces célebre pintura de un artista llamado Parrasio que representaba con todo detalle una felación de Atalanta a Meleagro, obsequio que prefirió Tiberio a la entrega por el propietario del cuadro de un millón de sestercios si la escena representada la consideraba excesivamente obscena. Tiberio prefirió la imagen lasciva al oro y la colocó en la parte más excitante de su alcoba, de manera que siempre la tuviera a la vista en sus encuentros íntimos. Todo ello redundaba en una inacabable y continua prueba de nuevas hazañas sexuales que ocuparan las veinticuatro horas del día del Emperador, que, si bien prefería a niños y mancebos, también llamaba a mujeres a su lado, como la referida Malonia. En la bellísima isla, Tiberio era el dueño y señor de una docena de villas y palacios donde organizaba aquellas bacanales de sexo y sangre. En la hermosa Gruta Azul, por ejemplo, se bañaba desnudo junto a pequeñuelos (ya se ha apuntado antes) a los que llamaba «mis pececitos», y que previamente habían sido aleccionados en el arte de succionar el miembro del Emperador bajo el agua. Si bien la mayoría de estas pequeñas víctimas les eran compradas a padres miserables, también provenían de algunos patricios y de ciertas familias nobles a las que, como compensación, el emperador hacía espléndidos regalos. El escándalo llegó a alcanzar cotas demasiado peligrosas incluso para la época, y a pesar de la lejanía de Tiberio de Roma, hasta la ciudad llegaban las noticias terribles del viejo decrépito y asesino. Empezaron a aparecer por la ciudad pasquines ofensivos para el déspota y hasta los senadores no se privaban de insultarlo en público. Insatisfecho siempre, pero cansado de sus propios excesos, Tiberio llegó a desear morir puesto que ya nada le atraía ni interesaba, mucho menos le divertía. Por fin, un día murió estrangulado en Miseno (año 37), en la casa de un amigo llamado Lúculo, y en su propio lecho, a manos de Macrón, capitán de los pretorianos. Contaba 78 años y había sido emperador de los romanos durante 23. Entre las causas de su muerte (obvia, si nos apuntamos a la del estrangulamiento con su pro-pía almohada) se añadía, además, la del posible veneno suministrado por Cayo (el, después, emperador Calígula), o el de haberle dejado que se consumiera por hambre para que su sufrimiento fuese mayor. Sea como fuere, con el cuerpo aún caliente, en las calles la gente ya pedía a gritos «iTiberio al Tíber!», desahogando así su odio para con un emperador maldito. En casi todos los casos, indagar sobre las causas, razones o porqués de la maldad de los poderosos, suele resultar inútil e, incluso, engorroso. Y esto es lo que se suele intentar cuando el tirano de turno muere. En el caso de Tiberio no fue diferente, y tras su muerte, los juicios de sus contemporáneos y la de los que le juzgaron en los siglos futuros dieron ocasión para satisfacer todas las opiniones. Parece que, como gratuita justificación de los excesos de este segundo emperador romano, se afirmó que Tiberio estaba convencido, por aquella profecía emitida al nacer por la que se adelantaba su unión con el poder, de que contra el Destino nada se podía, lo que le permitía dejarse llevar muellemente por la senda más agradable para él, aunque, al mismo tiempo, fuese la más insufrible para los demás. El déspota murió rodeado de riquezas que, un tanto avaro, había atesorado durante su reinado. Había exigido también a los demás que fuesen buenos administradores, siendo premiados aquellos que lograban exprimir mejor al pueblo con descomunales impuestos. Sin embargo, y dado que no era tonto, precisamente, como algunos se extralimitaran en exprimir a los ciudadanos, les amonestó con la sabia frase de que «a las ovejas se las puede esquilar pero no despellejar». En contra de lo habitual, el anciano de 78 años que murió en Capri (sus enemigos le llamaron el Caprineo, palabra que significaba natural o habitante de Capri, pero también cabrón), era la estampa contraria a la bondad que, en general, el paso de los años refleja en los rostros de los que se van. Por último, el Emperador ha sido premiado por adaptaciones cinematográficas, si bien nunca como personaje central y sí como secundario. De manera casi ineludible, Tiberio estará en los numerosos films relacionados con la vida de Jesús como, entre muchos otros, Rey de Reyes (Cecil B. De Mille, 1927, y en la segunda versión de Nicholas Ray de 1961); La historia más grande jamás contada (George Stevens, 1965), sin olvidar la precursora Intolerancia (David Griffith, 1916) y otros cientos de títulos presentes en todas las cinematografías. CALIGULA (DE CALIGAS) Calígula tendrá, en el futuro, un lugar de dudoso honor en la sangrienta lista de los emperadores romanos, sin que esto quiera decir que fue intrínsecamente peor que otros. Y es que la fama de algunos malvados de la Historia suele depender de un cúmulo de circunstancias presentes y futuras a partir de las cuales, los historiadores hacen su trabajo. En el caso de Cayo César Germánico llovía sobre mojado tras su antecesor, el impresentable Tiberio. Con su mandato, el Imperio Romano alcanzará su plenitud tras la época puente del Principado que había iniciado Augusto y proseguido Tiberio, ya con el título de Imperio. Calígula añadiría a la nueva simbología imperial elementos helenístico-orientales que intentarían embellecer lo que, bajo su reinado, no sería otra cosa que una durísima monarquía teocrática a merced de sus caprichos. Sobrino y sucesor de Tiberio (quien lo había adoptado), hijo de Germánico y de Agripina, y tercer Emperador romano, nació en Antium (hoy Porto D’Anzio). Será conocido como Calígula (diminutivo de caliga, sandalia militar). Antes de ser elevado al trono, debió dar señales alarmantes, ya que el propio Tiberio, a quien acompa ñaba en su retiro de la isla de Capri, comentó: «Educo una semiente para el Imperio». La serpiente lanzó muy pronto el veneno, pues con ocasión de la muerte de Tiberio, y cuando todos creyeron que el viejo crápula había dejado de vivir, con el cuerno aún caliente, Calígula arrancó el anillo del dedo del Emperador, y se lo puso para hacerse proclamar por los presentes nuevo César. No obstante, en pleno juramento, Tiberio, el pretendido cadáver, pidió un vaso de agua, y el terror se enseñoreó de todos, y muy en especial de Calígula, que lucía ya el anillo imperial y se relamía de gusto ante la perspectiva inmediata de asumir el poder. Aunque Macro, allí presente, ante lo violento y peligroso de la situación, se abalanzó sobre el moribundo y, con su propia almohada, lo asfixió. Calígula, el nuevo Emperador, por fin pudo respirar tranquilo... Calígula era un hombre sin atractivos, de aspecto aterrador que acentuaba con su costumbre de ensayar continuamente las más diversas muecas con las que deseaba asustar, aún más, a los que le rodeaban. Su escasa cabellera era muy encrespada, lo que le acomplejaba doblemente. Muy pronto haría prácticas de sadismo en especial sobre las mujeres que tenía más próximas, con las que se ensañaba, según contaba Séneca. Este sadismo, según el filósofo cordobés, además de por la utilización de castigos y martirios físicos, se presentaba bajo otras formas de tortura provocadas por el mismo emperador, exactamente a través de sus ojos, cuya mirada nadie era capaz de resistir sin empezar a temblar. Bien lo sabía el filósofo cordobés pues, odiado por el emperador, a punto estuvo de perecer por orden de Calígula. Fue salvado in extremis por una concubina del tirano, y no por humanidad sino porque, sabedor de que Séneca sufría una grave tuberculosis, pensó que no valía la pena adelantar por poco tiempo un final que parecía próximo. En el día a día de Calígula todo valía para llevar a la realidad uno de sus más pregonados deseos: «Que me odien, mientras me teman». No obstante, y llegado el momento, parece ser que Calígula era consciente de su patología mental, o sea, esquizoide, de origen genético. Tanto es así que, consciente de su inestabilidad psíquica, pensó seriamente en retirarse del poder imperial y ponerse en manos de quienes pudieran curarlo, pues su enfermedad no era original, sino consecuencia de unas altísimas fiebres que padeció en sus primeros años. Un defenestrado (quitado de la circulación) y asustado Séneca, por ejemplo, no dudó en dar salida a su odio hacia Calígula escribiendo (aunque, por supuesto, sin publicarlo entonces) un libro titulado De la cólera, que era un ataque en toda regla, y sin perdón, hacia el odiado personaje que dirigía el Imperio. Con ocasión de su acceso al trono a los 23 años, Calígula sacrificó 160.000 animales como acción de gracias por tan importante suceso, e inició desde aquel momento, su ascensión imparable hacia el poder máximo y caprichoso que culminará en su inclusión en la no muy ejemplar historia de los emperadores romanos en un destacado primerísimo puesto de crueldad y arbitrariedad, a pesar de que, sorprendentemente, inauguró su reinado ejerciendo una política de tolerancia como reacción al despotismo y maldad de su antecesor, su protector Tiberio. Incluso suspendió los odiosos procesos por lesa majestad de su antecesor, además de volver a los comicios en los que se elegía a los magistrados (con Tiberio lo había hecho el Senado). Además, nadie le negó su amor por los desfavorecidos y su odio por los ricos, conducta esta última que, al final, sería su perdición. En correspondencia, en estos primeros tiempos el pueblo romano lo adoraba, quizá por ver en él al hijo de aquel Germanico desgraciado y bueno y deduciendo, erróneamente, que sería como su progenitor. Todo empezó a torcerse cuando, en apenas un año, gastó todo el tesoro que había heredado de Tiberio, unos 2.700 millones de sestercios, teniendo que tapar aquel enorme agujero con nuevos y gravosos impuestos de los que no se salvaba nadie. Por ejemplo, impuso un canon a los alimentos, otro por los juicios, a los mozos de cuerda, a las cortesanas e incluso a todos los que tenían la feliz idea de contraer matrimonio. Pero todo este atraco no era suficiente y, tras insistir una y otra vez en esta actitud de pedigüeño, en el transcurso de sus muchos delirios, aseguraría sentirse en la más absoluta ruina, llegando en su sicopatía a pedir limosna en las calles romanas además de obligar a testar en su benefició a sectores de la población bastante ricos, poniéndose muy nervioso si éstos, los llamados a cederles sus riquezas, no se morían pronto. Durante esta fiebre de miseria más o menos imaginaria, pero no menos obsesiva, llegó a confiscar las posesiones de sus propias hermanas, Julia y Agripina, y acusarlas de conspirar contra él. Pero volviendo atrás, a los primeros tiempos de su poder absoluto, aquellas primeras bondades del inicio de su reinado las olvidó Calígula apenas medio año más tarde, superando enseguida las atrocidades de su predecesor, acaso por sufrir un conjunto de enfermedades mentales que le provocaban noches interminables presididas por el insomnio, además de sufrir de continuo espantosos ataques de epilepsia, que nunca le abandonaron. Precisamente sería tras un agravamiento de sus enfermedades, y después de una inesperada recuperación cuando todos le daban por perdido, cuando se evidenciaría aún más toda su crueldad, puede que como secuela de su enfermedad anterior. Según se levantara de un humor que siempre era variable y caprichoso, demostraba manía persecutoria, delirios y quimeras relacionadas, de nuevo, con el dinero como, por ejemplo, la necesidad que tenía de pisar físicamente un montón de monedas de oro con sus pies descalzos. También formaba parte de su esquizofrenia su desinterés, convertido en odio, por los más famosos autores contemporáneos, ordenando la destrucción (aunque, a la postre, no lo consiguió) de todas las obras de Homero, Virgilio, Tito Livio y otros. Tuvo una pasión incestuosa por una de sus hermanas, Julia Drusila. Muy jóvenes ambos, Calígula la había poseído por primera vez, siendo sorprendidos los dos adolescentes en el lecho por la abuela Antonia, en cuya casa vivían. Nunca renunciaría a ella, sino que, años después, y a pesar de que la habían casado con un tal Lucio Casio Longino, Calígula la compartió y fue Drusila, al mismo tiempo, esposa legítima de su hermano. Incluso durante una grave enfermedad que parecía iba a ser definitiva y con un fatal desenlace, Calígula nombró como heredera a su misma adorada hermana y esposa. J.ustificaba esta atípica relación en que, en las dinastías de los Ptolomeos, en su adorado Egipto, esto —la unión de dos hermanos— era considerado una relación incluso sagrada. Su amor hacia Drusila le llevó a sentarla junto a él en el Olimpo que había creado con su misma persona como dios principal, divinizándola también. Cuando ella murió, Calígula no tuvo consuelo, y muy afectado, ordenó e impuso un luto general, dictando durísimos castigos para los que, en ese período de duelo, se bañaran, se rieran aunque fuese poco o, en fin, hubieran comido en familia de forma distendida o agradable. A continuación huyó de Roma y no paré hasta Siracusa. A su regreso, volvió desaliñado, con los cabellos enredados y obligando a que, en adelante, todos juraran por la divinidad de la difunta Julia Drusila. Desde el primer momento imprimió a su reinado de una pompa desconocida, asumiendo de hecho una teocracia en lo externo, deudora de lo helenístico-oriental entre lo que incluyó actos como el de acostarse, además de con Drusila —que siempre sería su preferida—, con sus otras hermanas, las cuales, después de yacer en el lecho del emperador, fueron entregadas por éste a varios amigos como auténticas prostitutas que estos podían utilizar y explotar a su antojo. En otra ocasión, habiendo sido invitado a la boda de un patricio llamado Pisón, durante el banquete decidió robarle la esposa (Livia Orestila) al atónito flamante marido, llevándosela a sus aposentos y poseyéndola. Justificó este rapto y posesión en que, realmente, Livia era su esposa, y amenazó a Pisón si tenía la audacia de tocar a su mujer. Y es que las caricias impacientes de los desposados habían enardecido a Calígula, que quiso adelantarse al marido en el disfrute de la todavía virgen esposa. Esta conducta indigna del Emperador no era excepcional, ya que en los banquetes solía examinar detenidamente a las damas asistentes, y no evitaba levantarles los vestidos y comparar sus intimidades, escogiendo a alguna y retirándose para gozarla, como hiciera con la desgraciada Livia Orestila. Después regresaba con evidencias del encuentro y se deleitaba ante los asistentes con confidencias sexuales sobre la arrebatada de turno. Fue también amante de Enia Nevia, esposa de Macron, y entre las cortesanas, su favorita fue Piralis. Asimismo, se divertía mucho divorciando, en ausencia de sus maridos, a damas de alta alcurnia, con las que también se acostaba. No obstante, y por medios legales, Calígula tuvo otras esposas: Junia Claudila (que Íallcció tras su primer parto), la misma esposa de Pisón, Livia Orestila, Lolia Paulin~ y Cesonia. Esta última fue la que más le duró, al parecer por sus artes libertinas, que excitaban al Emperador de manera especial y lo hacían deudor de sus caricias. La pasión por Cesonia y la manera cómo la consiguió, son dignas del carácter del Emperador. Era Cesonia una bella matrona llena de sabiduría a quien Calígula coiioció el mismo día que ella paría en palacio (de donde era habitante como una mas de las muchas personhs al servicio del emperador) una hermosa niña. Encariñado desde ese momento con la madre y con la niña, puso a ésta el nombre de Drusila, en honor de su hermana y amante, y se proclamó padre de la criatura. Y, puesto que era el padre por su propia decisión, automáticamente obligó a que se le reconociera también como esposo de la madre, Cesonia. Momentáneamente metamorfoseado en ilusionado padre de familia, condujo a su esposa e hija a todos los templos de Roma, presentando a la pequeña a la diosa Minerva para que le insuflara saber y discreción. Sin embargo Cesonia ya había parido tres hijos de su matrimonio anterior con un funcionario de palacio, además era una mujer con la juventud ya perdida y no excesivamente hermosa. Por lo que se rumoreaba que aquella locura de Calígula por ella se debía a que Cesonia le había dado algún brebaje afrodisíaco, como por ejemplo, uno muy conocido extraído del sexo de las yeguas. Perdido el norte, Calígula empezó a practicar toda una serie de conductas absurdas y crueles como, por ejemplo, entre las primeras, el nombrar cónsul a su caballo favorito, Incitatus (Impetuoso), al que puso un pesebre de marfil y dotó de abundante servidumbre a su disposición. Y, entre las segundas, su deseo, expresado a gritos, de qUe «el pueblo sólo tuviera una cabeza para cortársela de un solo tajo», producto de una rabieta imperial al oponerse el público del circo a la muerte de un gladiador contra lo decidido por Calígula. También se distraía llevando sus cuentas personalmente, unas cuentas consistentes en redactar la lista de los prisioneros que, cada diez días, debían ser ejecutados. Otra contabilidad llevada personalmente fue la de su propio gran prostíbulo, que había hecho construir dentro del recinto de su palacio y que resultó un negocio redondo. En otro orden de cosas, y para producir aún más terror, todas estas distracciones las vivía disfrazándose y maquillándose de forma que sus actos, de por sí ya terribles, contaran con el añadido de lo siniestro, de manera que sus caprichos resultaran implacables haciendo temblar a sus víctimas aún más. Las ejecuciones eran tan numerosas que, a veces, no había una razón medianamente comprensiva para tan definitivo castigo, como en el caso del poeta Aletto, que fue quemado vivo porque el Emperador creyó toparse con cierta falta retórica en unos versos compuestos, precisamente, a la mayor gloria de Calígula, por el desgraciado vate. La crueldad de Calígula podría resumirse en una frase que se trataba, en realidad, de una orden dada a sus matarifes respecto a cómo tenían que acabar con sus víctimas. Era ésta: «Heridlos de tal forma que se den cuenta de que mueren». La lista de sus desafueros sería interminable. A modo de muestreo, podemos decir que el Emperador, imbuido muy pronto de su carácter divino, hizo traer de Grecia algunas estatuas, entre ellas la de Júpiter Olímpico, escultura a la que ordenó arrancar la cabeza y sustituirla por una suya, y desde ese momento rebautizada como Júpiter Lacial (él mismo, transformado en el dios de dioses del Lacio). El siguiente paso será la elevación de un templo en honor de ese nuevo dios y la presencia en el mismo de otra escultura, ésta de oro, y que cada día era vestida como el propio Calígula, en una especie de simbiosis y travestismo entre aquel artista llamado Pigmalión y su modelo, y que evidenciara de manera inequívoca, la naturaleza celestial del Emperador. También, y sin duda todavía en las alturas de su particular Olimpo, invitaba a la Luna (Selene) en su plenilunio, a que se acostara con él. Ya en terrenos más próximos a lo cotidiano, y en su afán por complicarle la vida a sus súbditos, se divertía, por ejemplo, regalando localidades a la plebe que, en principio, estaban destinadas a la aristocracia. Lo divertido para Calígula venía cuando, estos últimos, al encontrar ocupadas sus localidades, iniciaban un altercado con la chusma, espectáculo este mucho más divertido para Calígula que las propias representaciones teatrales. Calígula había sido un emperador que siempre había sorprendido y puesto a prueba a la gente. Como se quejara amargamente de que su reinado transcurría sin grandes cataclismos y, por tanto —según él—, su nombre y su tiempo apenas serían recordados por los historiadores, intentó suplir esta falta de terremotos, inundaciones, pestes o guerras auténticas, con la puesta en escena de batallas de ficción. Así, en una de sus incursiones por Germania y ante la nula presencia real de escaramuzas, decidió que parte de sus legiones pasaran al otro lado del río Rhin, desde donde se encontraban, e hiciesen como si pertenecieran a un ejército bárbaro. Una vez en la otra ribera, Calígula cayó sobre el enemigo con sus soldados, a los que venció sin paliativos. Escribió, entonces, a Roma anunciando su triunfo al tiempo que se quejaba de que, mientras él exponía su preciosa existencia luchando, en la metrópoli el pueblo y los senadores se divertían en inacabable holganza. También humilló a sus legiones en las Galias obligando a los soldados a recoger, en el transcurso de jornadas agotadoras, toda clase de moluscos y otras especies de productos marinos. Tras agotar el tesoro imperial en su favor y mandar asesinar (como ya queda dicha) a destacados miembros de la aristocracia para quitarles el dinero, acabó siendo asesinado en una estancia de su palacio por el jefe de los pretorianos, Casio Quereas, en el pasillo que comunicaba aquél con el circo, al que volvía el Emperador tras un descanso en uno de los espectáculos de los Juegos Palatinos. Se vengaba así, de camino, Quereas del trato vejatorio que siempre le infligió el Emperador, tratándole de afeminado e impotente. Ahora había llegado su hora, y ya pudo empezar a alegrarse con la primera herida producida en el cuerpo de un Calígula medroso (un hachazo en el imperial cuello), que, sin embargo, no lo mató inmediatamente, aunque sí provocara en el sádico personaje gritos de dolor y desesperación. Inmediatamente acudieron el resto de los conjurados (hasta treinta de ellos con sus espadas desenvainadas) quienes, tras una estocada en el pecho propiciada por Cornelio Sabino, se ensañaron en la faena de acabar, definitivamente, con la vida del Emperador, su esposa Cesonia e, incluso, con la de la hija de ambos, una niña que fue estrellada sin piedad contra un muro. Se ponía fin, con la misma violencia sufrida, al sangriento y violento reinado de un loco que había torturado a su pueblo durante tres años y diez meses de pesadilla. Crudelísimo incluso después de su muerte, se encontraron abundantes listas de nombres destinados a ser ejecutados. Incluso, junto a estas, fueron hallados gran cantidad de venenos destinados a cumplir de ejecutores de aquéllos, tan abundantes que, al ser arrojados al mar, envenenaron las aguas marinas, que devolvieron a las playas miles de peces muertos. Calígula (que contaba 29 años al morir) fue borrado por el Senado de la lista de los emperadores de Roma. Había sido un hombre tan malvado y despiadado con los demás como cobarde él mismo. Por ejemplo, en vida sentía un terror patológico por las tormentas, que le arrastraba debajo de las camas cuando empezaban los relámpagos. Murió, como ya se ha dicho, muy joven, y nadie sabría nunca lo que hubiera podido ser su reinado de vivir más años. Como en el caso de tantos personajes polémicos o indeseables, el cine no lo dejaría escapar, siendo uno de los films más conocidos uno seudo porno del escandaloso director Tinto Brass titulado Calígula. NERON
Nerón Nerón no fue, probablemente, el peor de los emperadores romanos. Desgraciadamente, estuvo muy bien acompañado por sus predecesores y por sus seguidores al frente del Imperio Romano. Pero varias circunstancias confluyeron para hacer de él el más conocido y el más denigrado de todos ellos. Algo, sin duda, tuvo que ver el que, bajo su reinado, murieran decapitado y crucificado, respectivamente, los apóstoles Pablo y Pedro, vanguardias de aquella nueva religión que había nacido en la lejana provincia de Palestina fundada por un rabino llamado Jesús. El fin trágico de los apóstoles y el de otros muchos cristianos y seguidores, propició la ennegrecida leyenda de Nerón que, en adelante, y en la historiografía cristiana, tendría el dudoso honor de abrir las diferentes y subsiguientes persecuciones de otros emperadores contra la nueva religión en las personas de sus seguidores y practicantes. Nacido en Antium, era hijo de Julia Agripina y de Enobarbo (aunque también se decía que, en realidad, el verdadero padre había sido el hermano de la propia Agripina, Calígula). Su padre, por cierto, se dice que al ver al recién nacido, había dicho en medio del delirium tremens de una de sus continuas borracheras unas palabras que resultarían proféticas: «De Agripina y de mí —profetizó— sólo puede nacer un montruo». No era de extrañar cuando el mismo progenitor había tenido relaciones incetuosas con su hermana Lépida y, a no ser porque coincidió con la ejecución de s condena la llegada del nuevo Emperador, se habría jugado su propia vida. Huérfano de padre, sin embargo, a los dos años y desterrada su madre, el futuro Emperador vivió junto a su tía Domicia Lépida, de costumbres y honorabilidad harto discutible pero que tuvo el buen sentimiento de cuidar a aquel niño prácticamente abandona do. Confirmando lo airado de su vida, al final encargó, a su vez, la educación de niño a dos amigos suyos, que eran, respectivamente, un bailarín y un barbero. Al regreso del destierro, su madre, Agripina, volvió a ocuparse de su hijo, aun que el niño no ganaría mucho con el cambio, ya que el barbero y el bailarín fueron sustituidos en la educación del joven por Aniceto, un individuo aún más inmoral que los anteriores y que la propia tía Lépida. Después, Nerón fue adoptado por el emperador Claudio a los 13 años presionado por Julia Agripina, su madre, de manera quc tras la muerte de Claudio, el joven Nerón le sucederá en el trono imperial. (Claudio había muerto a causa de las setas envenenadas preparadas por Locusta a indicaciór de la propia Agripina.) Algo más contribuyó su madre para que su hijo reinara como fue el comprar a los pretorianos a los que, previamente, había sobornado con 15.000 sestercios para que no dudaran en el momento de elegir al nuevo Emperador. Empezaba así un nuevo reinado y un nuevo Emperador en la lista del mayor imperio entonces conocido y que gobernaría sobre más de 70 millones de ciudadanos romanos. Claro que, en la sombra (o no tanto: Agripina no se escondía), quien iba a llevar las riendas de los negocios imperiales iba a ser aquella, todavía joven y hermosa mujer, que era la madre del nuevo Emperador. Sin embargo, el hijo de Enobarbo (de aenus, bronce, y barbo, barba —como su padre, Nerón tenía cabellos y barba rojizos—), y en un primer momento, el señalado para ocupar el trono imperial no deseaba de ninguna manera tal honor, pues era consciente de que le alejaría de su verdadera buena vida, que para el joven Nerón se encerraba en la práctica y conocimiento de las artes, de las que era un convencido y entusiasta aficionado ya que se consideraba a sí mismo como buen cantante, poeta, escultor, actor y hasta bailarín. Además, estaba convencido también de que ya era un experto en otras muchas actividades, como en la conducción de cuadrigas. Todo esto, pensaba, pasaría a un segundo plano cuando accediera al trono, por lo que a no ser por las prisas de su madre, por él ese momento lo hubiera alejado lo más posible. Incluso intentó rechazar el matrimonio impuesto con la jovencísima Octavia cuando contaba apenas trece años, matrimonio que, aunque llegó a celebrarse, nunca se consumaría. Por el contrario, y de forma ostensible, Nerón hizo ver que su auténtica esposa era una mujer llamada Actea, liberta y, en sus ratos libres, meretriz muy popular en la ciudad. Por Cierto, la debilidad de Nerón por esta mujer se prolongaría durante teja su vida a pesar de la oposición frontal de su madre, que no sólo detestaba los amores de su hijo con una inferior, sino que (y aquí ya entra la leyenda más o menos nc era sobre Nerón) jugaba el factor celos, pues la esclava venía a interponerse en las relaciones más que materno-filiales, de Agripina y su hijo, como al parecer era de dominio público. Aconsejado por sus maestros Burro y el filósofo cordobés Séneca (este último sería amante de su madre, Agripina, y sería ella la que lo introduciría en la corte im¡,erial), Nerón inició su reinado a los 17 años de forma pacífica e, incluso, dulce. Sin d uda las enseñanzas del filósofo bético habían hecho mella en el tierno y joven Empcrador, que no obstante haber intentado aquel impregnar el corazón de Nerón con buenas lecciones, realmente estaba tan apegado a lo crematístico, que su fortuna había crecido desmesuradamente al lado de la familia imperial (algunos historiadores hablan de una fortuna de 300 millones de sestercios en poder a momento de su muerte). Tan benefactor aparecía a todos el joven Emperador que se contaba el caso de que, al tener que estampar su firma en una sentencia de muerte, se resistió a hacerlo, nibricándola al fin, pero tan contrariado que exclamó: «iQuisiera el cielo que no supieni escribir!». En otra ocasión, y como quisieran levantarle una estatua de oro, se negó a aceptarla, en razón de esta circunstancia: «Esperad que la merezca». Así mismo se conformó con enviar al destierro a un escritor llamado Galo Veyento porque se había confesado autor de unos terribles libelos contra los senadores y la casta sacerdotal. En un principio estuvo dominado totalmente por la presencia imponente de su madre; Nerón era un muchacho dócil y tímido que gobernaba a la sombra materna. Esta sumisión se apreciaba externamente en detalles como el de acurrucarse a los pies de Agripina, cuando estaba sentada en el trono imperial, y en el de, al acompañarla en los desplazamientos en litera por las calles de Roma, su costumbre de caminar a pie, en paralelo a la ostentosa litera de Agripina. Era un muchacho que se apasionaba por los festejos, y en esa línea, cualquier suceso era la excusa para organizarlos. Por ejemplo, la aparición de su primera barba. Con tan importante ocasión, organizó los primeros Juegos de la Juventud, una buena idea en principio pero que, al final, será el pistoletazo de salida para convertir aquella excelente ocurrencia en cl inicio de la depravación y lo más disoluto que se entronarían intramuros del palacio imperial no pasando mucho tiempo. En sus primeros tiempos, otros detalles gratos del nuevo Emperador sorprendían a la gente. Por ejemplo, sus grandes dispendios al organizar, sin descanso, toda clase de diversiones y espectáculos para los romanos, actuando como padre bonda4oso que impedía la muerte de los gladiadores que luchaban en el circo, incluidos los prisioneros de guerra y los condenados por la justicia. Como se proclamase artista universal, se empeñó en diseñar las nuevas casas de la ciudad del Tíber, intentando limitar los lujos excesivos de las mismas. También proyectó prolongar las murallas de Roma hasta el puerto de Ostia. Pero, en un brusco viraje, sobre todo a partir de la muerte de su madre, Nerón actuará en dfrecci5n opuesta, mandando matar a sus dos maestros, Burro y Séneca, y a otros artistas y literatos (como el poeta Lucano, sobrino de Séneca), iniciando un tiempo de delirips y locuras asesinas. Bien es cierto que éstos —y a la cabeza el filósofo cordobés— se habían embarcado en una conspiración para eliminar a Nerón y sustituirle por su antiguo preceptor cordobés. Sin embargo, aparte del castigo a los conjurados, ¿a qué fue dlebido este cambio? Las cosas no suelen ocurrir de forma gratuita, y puede que, çn un momento determinado, el factor herencia hiciera de las suyas pues, como se sabe, Nerón pertenecía a la familia Julia-Claudia, una dinastía con representantes tan fuera de lo común en cuanto a patologías mentales como Cayo Julio César, Octavio Augusto o Tiberio. El primero había sido un obseso sexual (como denominaríamos hoy), tan volcado en los placeres genésicos que no hacía distingos entre hombres y mujeres, aunque eran éstas, desde las desconocidas hasta las esposas de los senadores, las que corrían más peligro («Encerrad a vuestras mujeres, que viene el calvo!» quedó como frase hecha que avisaba de las razzias del general asesinado por Bruto). En cuanto a Octavio Augusto, primer Emperador romano, siempre tuvo una salud delicada, no aguantando ni el frío ni el calor, era muy bajo de estatura, cojeaba y tenía la piel manchada. Como su padre adoptivo y pariente, se le puede considerar bisexual, y como con Julio César, tampoco las mujeres podían estar muy seguras a su lado. Por fin, Tiberio reunió en tomo a sí todos los desenfrenos y nadie dudaba que estaba poseído por una peligrosa clase de esquizofrenia, cuyos síntomas, por cierto, aparecían agudizados en Calígula. En fin, de la misma familia, con parentescos más o menos cercanos, fueron Germánico, Livia Drusila o su predecesor, Claudio, un emperador considerado como imbécil. Como se ve anteriormente, de toda esa ascendencia no podía salir nada bueno, y en Nerón parecieron confluir todas las taras de sus antepasados y familiares. En consecuencia, empezó a actuar fuera de sí, haciendo matar a Británico, hijo de Claudio, y sucesor al trono hasta que aquél vio morir, a los 12 años, a su padre bajo el veneno de Locusta. (Por cierto que, como premio a la preparación de sus venenos, el Emperador premió a Locusta con la impunidad, grandes extensiones de tierras y la autorización para que tuviera discípulos en el arte de preparación de bebestibles letales.) Fue esta misma envenenadora la que falló en una primera ocasión, con su pócima destinada a matar al joven hijo de Claudio. Pero ahora ya no había habido fallo, y aquella muerte despiadada de Británico lo fue aún más pues el joven Nerón había asistido, complacido y risueño, a la lentísima agonía de su presunto rival. Él mismo había suministrado la pócima mortal a su odiado enemigo, al que su madre ponía continuamente como ejemplo de joven bondadoso y dedicado al estudio, además de ser ajeno a cualquier ambición de poder. Pero su ensañamiento con los seres más próximos tuvo como víctimas y protagonistas a tres mujeres: la primera, Su propia progenitora, Julia Agripina. Después seguirían el camino fatal de la madre, sus dos —y sucesivas— esposas: Octavia y Popea. Tras un primer conato de rebeldía producido por un Nerón en quien, hasta entonces, había sido la sombra de su madre a cuenta del odio de Agripina por la liberta Actea, oposición que el Emperador acabó por no digerir dado el apasionamiento para con la ex meretriz, el Emperador pasó a mayores. Y, poco a poco, fue germinando en su cerebro la idea de desembarazarse de Agripina, convirtiéndose en obsesión cuando tuvo a su lado a su segunda esposa, Popea. En un primer intento de acabar con su guardiana obsesiva, concienzudamente preparado, un fallo técnico impidió la muerte de Agripina. Se trataba del lecho materno. Allí, unos operarios habían transformado el techo del dormitorio colocando planchas de plomo que debían caer, al accionar una palanca, sobre la regia durmiente, aplastándola literalmente. Pero, ya se ha dicho, hubo un fallo y la víctima pudo escapar, herida levemente, y encerrarse en una de sus villas. El fracaso dc aquel intento de asesinato sumió al hijo en una pesadilla continua en la que no lograba ahuyentar un miedo terrorífico, pensando Nerón —y no le faltaba razón— en que, dado el carácter de su madre, podía matarlo a él en venganza por su intento fallido. Sin embargo, transcurridos unos días, volvió a la idea de intentar de nuevo la eliminación de quien le había llevado en su vientre, pensando ahora en un barco trucado para su crimen en el que iría su madre, que previamente se había dirigido a las fiestas de Minerva cerca de Nápoles. Nuevamente, el dispositivo falló y aunque la barcaza se partió en dos, la gran nadadora que era Agripina pudo ganar la orilla del golfo de Bayas. Aún más aterrorizado que la vez anterior por este nuevo chasco, ordenó que, de inmediato, mataran definitivamente a aquella mujer que parecía reírse de él desde una aparente inmortalidad. Será un incondicional del Emperador, Aniceto, el que hunda su espada en el vientre de Agripina. El propio hijo visitó el cadáver desnudo de su madre y, según Suetonio, lo examinó y acaricióó durante largo rato. Después, presa de un aparente arrepentimiento, se escondió de todos. También eliminó a sus dos esposas sucesivas, Octavia y Popea. La primera llevaba una vida oscura y alejada de la vida activa fuera de Roma y sin dar mucho mido. Esposa virgen, el nuevo capricho del Emperador, Popea, exigía a éste compartir el trono para lo que, obviamente, estorbaba la Emperatriz nominal. Loco por Popea, aquella espléndida pelirroja (se la consideraba una de las mujeres más hermosas de Roma), el destino de Octavia estaba cantado. Al principio, Nerón intentó divorciar-se de su esposa, pero las razones que exigía la ley no estaban muy claras, por lo que el éxito era dudoso. Entonces se decidió a dar el paso definitivo, aunque eliminarla no iba a ser fácil, pues el pueblo estaba con ella, y las contadas veces que salía por las calles la gente la vitoreaba con el cariño de las masas para con las gentes aparentemente desvalidas. No obstante, Popea seguía apremiando, y Nerón acudió, de nuevo, a los servicios de su incondicional Aniceto, que repitió crimen (antes había matado a Agripina) y ejecutó a la Emperatriz, a quien obligó a abrirse las venas y desangrarse hasta morir. La desgraciada Octavia, prácticamente virgen tras su matrimonio, había sido desterrada a la isla de Pandataria, y allí mismo sería sacrificada. Después el cadáver de Octavia fue decapitado, y su cabeza llevada por Aniceto, por orden de su señor, como un trofeo a su rival, una victoriosa Popea, que se recreó en el rostro doloroso de aquel despojo. Una vez libres de obstáculos, Nerón y Popea iniciaron la que parecía ser una etapa de bondades que no tendría fin. Los dos amantes se entregaron absolutamente a toda clase de fiestas y goces, apurando hasta la última gota el néctar de la felicidad. Sus festejos y sus orgías los empujaban a acicalarse y exhibirse como dos dioses espléndidos para lo cual, era un secreto a voces, Popea y Nerón consumían en cantidades extraordinarias toda clase de cosméticos y perfumes, continuamente gastados e inmediatamente repuestos por atentos proveedores. Sin embargo el reinado de Popea no sería muy largo, y al final, acabaría como sus predecesoras. Tras darle a Nerón un heredero fallido llamado Augusto, y que moriría con pocos meses, de nuevo quedó encinta, lo que volvió loco de contento al Emperador, que sintió renacer en él dormidos sentimientos paterno-filiales ante el próximo alumbramiento. Pero una noche, incidente ya relatado en el capítulo anterior, tras regresar de uno de sus interminables banquetes a los que asistía desde el mediodía hasta la medianoche, Nerón, ebrio, propinó una patada fortísima en el ya abultado vientre de Popea, que le provocó una muerte casi inmediata. Autique se propagaría la idea de que todo había sido la realización de un plan premeditado por el que pretendía eliminar de su vida a Popea, sin embargo muchos historiadores se inclinan a hablar de accidente fatal con un resultado inesperado y accidental de muerte, tanto del bebé aún dentro de las entrañas de la Emperatriz como la propia madre. Pero aún faltaban nombres de segundo orden en la sangrienta lista de sus víctimas como, por ejemplo, su tía Lépida, a la que visitó en su lecho de en• ama y a la que tras desearle una pronta recuperación, ordenó confidencialmente a médico que la purgase definitivamente, y robó, tras su muerte, con el cuerpo aun caliente, su testamento de forma inmediata, con lo que se apropió de todos sus bienes. También se le quitó la vida a una hija de Claudio, Antonia, porque habiendo prometido hacerla su esposa, ella le había rechazado los deseos del Emperador. Aunque en estos casos y en algún otro, el todavía humano Nerón sufriría demás de estos crímenes grandes conflictos de conciencia, muy pronto se imponía su qo yo aquel monstruo que profetizara su padre, Enobarbo, y que acabará por justificar sus crímenes en que había que apurar las «posibilidades del poder», no exilotadas lo suficiente, según él, por sus predecesores, en el sentido de ejercer su ti-ruja absoluta sobre el Imperio. Haciendo realidad sus propios enunciados, mandó eliminar a Atico Vestino para juntarse con su viuda Estatilia Mesalina. Y, en fin, llendo a extremos absurdos su desprecio por la vida, mató a su hijastro Rufo Crispitio porque alguien le dijo que el niño se divertía en sus juegos llamándose «el Emperador», lo que para la mente anormal de Nerón significaba que aquel pequeño le tobaría el trono algún día. Libre ya de molestas influencias familiares, se dedicó a vivir, todavía más, a su tite, dando entrada en palacio a ejércitos de cortesanas y de histriones con los que se dedicaba a organizar grandes fiestas y nuevos juegos para el pueblo y para él mismo, PIICS ya hemos visto cómo se consideraba un gran artista polifacético e inspirado. Nadie ponía en duda la autenticidad del arte del Emperador, ¡y pobre del que lo desdijera!, pues podía acabar como el deslenguado Petronio, el autor de Satiricón. Aunque hay que apuntar que este poeta compaginaba sus creaciones literarias con diversas campañas y conjuras contra el Emperador, había sido un antiguo amigo de parrandas cuando ambos eran más jóvenes, lo que le hizo confiarse y acabar por despertar contra él la furia imperial. Denunciado ante el Emperador por los celos de Tigclino, Nerón ordenó a su antiguo amigo que se suicidara. Muy digno, el desvergonzado escritor reunió en un gran banquete a sus amigos y a un grupo de meretrices. Tras la orgía que siguió al ágape y tras declamarse inspirados versos, Petronio se abrió y cerró varias veces las venas, dando tiempo a que un criado le trajera un preciado vaso que sabía muy deseado por el Emperador y que, de inmediato, hizo añicos contra el suelo. Al poco rato murió. Nerón recuperó los juegos y las diversiones para el pueblo de Roma, tras estar prohibidos en la anterior etapa de Tiberio. Se entregó totalmente a las atracciones del circo, no sólo para solaz de la gente sino para el suyo propio, sin evitar, a veces, intervenir él mismo en los diferentes cuadros. Creó una escuela de gladiadores donde se entrenaban estos luchadores que, después, luchaban en la arena con otros gladiadores o con las fieras. Se sabe que bajo el mandato de Nerón llegó a contarse con más de 2.000 individuos perfectamente entrenados y preparados. Incluso impuso, de una especie de broma, a sus senadores y nobles, a que de vez en cuando, bajaran ellos mismos a la arena y se pelearan entre sí, igualándolos de esta manera con es clavos y prisioneros, cantera de los gladiadores. Eran una bromas sangrientas puesto que a causa de ellas perderían la vida cuatrocientos senadores y un número mayo de hombres libres. Como ya se ha indicado, la muerte de su madre enloqueció aún más al Emperador, volviéndolo desconfiado hasta el paroxismo, de tal forma que ya recelaba por igual de amigos y enemigos, mezclando a unos y a otros en una irrealidad nefasta Entonces se descubrió la llamada conspiración de Cayo Pisón, tan minuciosamente preparada que hasta se fijó el día y el mes para llevarla a cabo: exactamente el 19 d abril del año 65. Con años de retraso, Pisón se vengaba con este proyecto en un miembro de la familia imperial, en este caso Nerón, de la humillación que Calígula le infligió el mismo día que celebraba el banquete de su boda con Livia Orestila, ~ la que poseyó cuanto quiso en su palacio. Pero al estar mucha gente al tanto del complot (senadores, miembros de la nobleza, soldados y hasta el preceptor de Nerón, el filósofo Séneca), la noticia de lo que se preparaba llegó a oídos del Emperador, que lo atajó inmediatamente. El lugar que habían elegido los conspiradores para el crimen (el llamado Templo del Sol, junto al circo Máximo, donde se rendía culto a Ceres, la diosa más amada por Nerón) fue ocupado por los legionarios, que abortaron así la acción. Poco después se iniciaba el juicio contra todos los detenidos, y no sólo contra ellos, sino contra todas las ramificaciones detectadas en compulsivas denuncias que se amontonaban en el Palatino. La masacre sobre los conjurados fue tal que Tácito llegaría a decir que tras las ejecuciones, «la ciudad estaba llena de cadáveres». Tras este nuevo susto, Nerón sintió un aumento de sus terrores y en su paroxismo, de tal forma le atenazó el miedo, que mandó clausurar el puerto de Ostia y cerrar el curso del río Tíber, por si por allí llegaban los que, estaba seguro, vendrían a acabar con él. Rodeado de los únicos soldados en los que confiaba, los germanos, se encerró en el Palatino y allí se dedicó a toda clase de excesos, como quien presiente que le queda poco de vida. Así, recuperó sus antiguos placeres y se decantó también por los antiguos —extremos— excesos. Aburrido del amor más o menos habitual, se lanzaría a unas relaciones digamos equívocas, de tal manera que se le conocieron dos amantes: Esporo, un joven bellísimo a quien mandó mutilar sexualmente para así, mientras ser castrado y vestido con las mejores galas femeninas que habían pertenecido a emperatrices anteriores, poder casarse con él/ella públicamente; y Dioforo, un esclavo liberto que, en este caso, hacía de marido del Emperador, convertido, y fingiendose, a su vez, mujer. El capricho imperial llegó hasta sus últimas consecuencias, celebrándose una boda pública en la que Nerón era la esposa tímida para lo que sc tocó con el velo de desposada; hubo presencia de testigos, se preparó concienzudamente el lecho del amor, y las antorchas llegaron a alumbrar los cuerpos de los esposos, llegando el Emperador a imitar los gemidos de dolor —y de placer— de cualquier joven esposa en su noche de bodas. Escribe Tácito: Púsole a Nerón la vestidura nupcial mujeril, se llamó a los augures, aderezóse el lecho conyugal, se previnieron las lucientes antorchas y se dispuso, en fin, todo lo acostumbrado en la noche de bodas». Pasado un tiempo pareció recuperar las ganas de vivir, pero ya no era Roma su ciudad y su lugar apetecido. Salió, por fm, pero lo hizo para trasladarse a Grecia, el país y la cultura de sus amores. Era agosto del año 66 cuando se puso en marcha la gran caravana de artistas que tenían como destino Brindisi y después Corinto. Cantantes, danzantes, músicos, coristas y hasta modistos formaban parte de la corte ambulante de Nerón, que iba acompañado, además de por una nueva esposa, con la que se había casado hacía unas semanas llamada Estatilia Mesalina, por el eunuco Esporo, el confidente Tigelino y su secretario, Epafrodito. Durante un año de ausencia de Roma, Nerón pudo dar rienda suelta a sus grandes aficiones que, desde su juventud, le tentaban. Tan sólo cuando el oráculo de Delfos le advirtió de que, en una fecha determinada, podría estar en peligro y le invitaba a que se cuidara, de nuevo le asfixió el pavor y ordenó el regreso inmediato a Roma. Antes, en otra consulta al oráculo de Apolo de la misma ciudad, interpretó la profecía del mismo —«que se guardara de los 73 años»— como una garantía de que hasta esa edad no moría. No obstante, se trajo de Grecia un nuevo espectáculo inventado por él: las Justas Neronianas, una mezcla lúdica de canto, baile, música, poesía, gimnastas, caballos y oratoria: en realidad, una especie de espectáculo total que el Emperador instituyó para que se celebrara cada lustro. Él, más espectador que partícipe, sin embargo se reservaba el canto, del que estaba convencido de ser un gran intérprete. Durante sus actuaciones llegó a reclutar a 5.000 plebeyos a los que instruía en la forma de aplaudirle (en tres intensidades), mientras prohibía terminantemente que nadie abandonara sus localidades, de tal forma que allí se produjeron partos, muertes e imprudentes imprecaciones y maldiciones contra el Emperador. Pero, en general, estas actitudes para las artes del Emperador llamaban la atención de su pueblo, pues los anteriores emperadores habían carecido de igual sensibilidad artística. Sin embargo, tal sensibilidad en otro orden de cosas brilló por su ausencia. Por ejemplo, llegó a violar a una vestal llamada Rubria. Y es que sus prácticas religiosas eran bastante magras y el respeto por las mismas, mínimo. En otro de sus pasatiempos favoritos, se cubría con una piel de cualquier fiera con la que destrozaba los genitales de hombres y mujeres, previamente atados a postes, tras lo cual descargaba su libido con su liberto, Dióforo. Después se repetiría boda, aunque cambiando los papeles y eVla cónyuge. Ahora tocaba casarse de nuevo, pero con aquel Esporo que siempre le acompañaba. Parece que su amor desaforado para con este bellísimo joven, tenía su origen en que se parecía extraordinariamente a Sabina Popea. Cuando él mismo acabó con la vida de su segunda esposa, mandó castrar a Esporo, lo vistió con túnicas femeninas, y organizó la ceremonia matrimonial. El enlace tuvo lugar en Grecia, durante el tiempo en que el Emperador vivió en la Hélade, con grandes festejos en diversos lugares de la península helénica en honor de los novios. En su fijación-obsesión por Esporo-Popea, Nerón obligó a su esclavo-esposa a que se sometiera a una intervención por los cirujanos que debían practicarle una incisión en el sexo que le facilitase, en caso necesario, el poder llegar a parir un heredero. Sin la insistencia de la literatura y el santoral cristianos, que estimularon la leyenda de la maldad del Emperador con los primeros seguidores de Pedro y Pablo, puede que Nerón fuese uno más de los emperadores que, se sabe de sobra, ninguno fue lo que hoy llamaríamos un santo. Pero ya no hay remedio, y a Nerón se le considera como el primer gran perseguidor de los habitantes de las catacumbas, a los que el pueblo de Roma, más que el propio Nerón, había achacado el incendio de Roma del año 64. Un incendio éste el más conocido de la Historia y puede que el más falsamente narrado, pues parece que el pretendido pirómano no sólo no quiso incendiar la urbe sino que, una vez destruida, se puso a la tarea de levantarla otra vez, pero más monumental y extraordinaria. Todo ocurrió el 18 de julio del año 64, cuando Nerón disfrutaba de su retiro veraniego de Anzio. Era ya noche cerrada cuando el Emperador fue despertado por un correo que le avisaba que Roma ardía tras el inicio de las llamas en las cercanías del circo Máximo. Muy preocupado por la extensión que, según el mensajero, había adquirido, montó en su caballo inmediatamente, y galopó los más de 40 kilómetros que le separaban de Roma hasta avistar el resplandor de la gran hoguera que devoraba la capital del Imperio, advirtiendo cómo las llamas se ensañaban especialmente sobre las miles de casuchas de madera que eran mayoría en la urbe. Sobre todo pensó en la posibilidad de que el fuego llegara a su mansión del Palatino, y consumiera sus amadas obras de arte encerradas en la residencia imperial. Pudo apreciar desde un mirador estratégico la gravedad de la catástrofe a través de los más de 500 metros de llamas que se extendían y avanzaban sobre aquella ciudad de más de un millón y cuarto de habitantes. El grueso del incendio duró cinco días y sus noches, y destruyó 132 villas privadas y cuatro mil casas de vecinos. No se pudo probar el origen del incendio ni la realidad del ornamento de la pretendida oda (lira en mano) a la ruina de Roma por parte del Emperador. Tácito dudaba de esta acusación, y aunque Suetonio la dio por válida (según este historiador, el recital poético declamado en tan insólita ocasión tenía un título: La toma de Troya), será siglos después cuando los padres de la Iglesia achaquen al Emperador un incendio que, a su vez, Nerón había cargado en la cuenta de los entonces subversivos adoradores de Jesús. (No obstante, fue un hecho innegable el que, bajo el reinado de Nerón, se inició una persecución de la que los historiadores romanos llamarán secta maléfica, por la que murieron muchos de aquellos esclavos —a veces cristiano y esclavo eran una misma cosa— al ser utilizados como cobayas sobre los que la cómplice del Emperador, la envenenadora Locusta, probaba los nuevos venenos que preparaba continuamente bajo la supervisión, y el entusiasmo, del Emperador.) Pero volviendo al incendio de la urbe, también es cierto que, después, Nerón mandaría levantar muchas barracas para alojar a los damnificados por las llamas e, incluso, en un primer momento abrió las puertas y jardines de sus palacios para acoger a los que lo habían perdido todo. Además, importó rápidamente provisiones y abarató por un tiempo las existencias. Su deseo último era, a partir del desastre, reconstruir totalmente la ciudad eliminando la madera en el levantamiento de las nuevas casas y apostando, por el contrario, por la piedra. Claro que empezó la reconstrucción por sus propias estancias, pues aprovechando los solares nacidos del desastre, empezó la construcción de su nuevo palacio llamado Domus Aurea, un despilfarro de columnas marmóreas, jardines lujosos, hermosas fuentes y atractivos lagos artificiales. No obstante lo dicho sobre la relativa leyenda por parte de los autores de los primeros tiempos del cristianismo en su ensañamiento y su afán por denigrar a Nerón, llovía sobre mojado, ya que historiadores gentiles como Tácito, Suetonio o l)ion (que vivieron después y nunca llegaron a conocerle), pertenecían, o bien a otros reinados con emperadores de otras dinastías diferentes a la de los Claudios, o, en el caso de Suetonio, el chismoso historiador que se adelantó a los siglos y enfatizó lo que hoy llamaríamos lá pequeña historia de los detalles, los bulos y las Confidencias más o menos parciales pero que, sin duda, hacían mucho más amenas ¡as crónicas de este historiador que la del otro ya citado, el séreno y circunspecto ser humano, aunque fuese un enemigo. Entonces llamó a la única mujer que, corno él, vagaba por las estancias palaciegas, la envenenadora Locusta, a la que le suplicó que le preparara una fuerte tintura biliosa que guardó en una cajita dorada. La puso a buen recaudo, y, cada vez más enloquecido, pensó en huir a Egipto, donde creyó que no le encontrarían los soldados del general Galba (el sublevado y nuevo gobernante de facto había advertido que no quería ser nombrado con el título de Emperador —tan desprestigiado como estaba—, conformándose—dijo— con ser el general del pueblo romano). Pero no había nadie a quien pueda comunicarle sus planes de huida, salvo su criado Faonte, otro espectro en palacio y el único que le propone que se esconda en su casa, en una gruta ubicada en la quinta de aquel su humilde liberto. El Emperador termina por acceder y en este último desplazamiento, le acompañarán algunos incondicionales, aunque nada más llegar al campo intentó, sin éxito, suicidarse con un puñal. Ante el fracaso del suicidio, Nerón llamó en su ayuda a su secretario y escudero, Epafrodito, para que impulsara su brazo con la fuerza capaz de producirle la muerte, orden, o súplica de su amo, que fue cumplida al instante. Antes de expirar, el Emperador aún tuvo humor para afirmar: «iQué gran artista pierde el mundo!» para, inmediatamente, concluir con esta pregunta: «LEs ésta nuestra felicidad?». Y expiró. Una vez hubo dejado de existir, los ojos brillantes de Nerón, como saliéndosele de las órbitas, aún aterrorizaban a los que le rodeaban. El cadáver fue envuelto en un manto blanco recamado en oro, y los gastos del sepelio lo pagaron sus dos nodrizas, Egloga y Alejandria, y su humilde ex amante (puede que fuese a la única que amó), la corintia Actea. Fue la humilde y dulce griega a la que siempre respetó el Emperador la que, con el permiso de Galba, tuvo acceso al ilustre muerto. Actea desnudó el cadáver del Emperador, lo lavó de la sucia sangre que lo inundaba ylo envolvió en aquel manto blanco bordado en oro que Nerón llevaba puesto en el que sería su último encuentro con ella en vida. Trasladado cl cadáver a Roma, ordenó hacerle unos discretos funerales. Después, llevó los restos hasta el monumento a Domiciano, en la colina de los Jardines, lugar elegido por Nerón para la construcción de una tumba de pórfido y mármoles. Tras acomodarlo para la eternidad, Actea permaneció una jornada completa estática y muda ante la tumba. Al caer la noche, descendió de la colina y, sin volver la cabeza, continuó su camino hacia el valle Egeria. Sus anhelos de inmortalidad a través del tiempo, tuvieron dos ejemplos en su deseo de llamar al mes de abril Neroniano, y su idea de darle a Roma un nuevo nombre que la proyectara sobre los tiempos futuros: Nerópolis. Al morir, cumplía 32 años de edad y 14 de reinado, y si es cierto que tanto contemporáneos y futuros historiadores se ensañarían con su reinado, el pueblo romano se negó durante un tiempo a admitir su muerte, esperando inexplicablemente un retomo imposible. Fue un caso extraño que no se repitió con otros emperadores anteriores y que tampoco tendría lugar entre los que le siguieron. El pueblo no admitió su muerte, y se rumoreaba que en realidad había desembarcado en Ostia y, después, había emprendido viaje a Siria. Desde allí, decían, Nerón volvería a recuperar su trono y a gobernar el Imperio. No se crea que estos rumores se fueron diluyendo con el paso del tiempo: al contrario, todavía quince años después de su muerte manos anónimas (puede que las mismas que lo enterraron, las de su amada Actea) seguían adornando la tumba de Nerón, mientras otros recitaban ante el mausoleo imperial proclamas y versos del extinto. Incluso pasadas dos décadas, un hombre que aseguraba ser el César se pudo ver en la zona de Partos, siendo acogido por los naturales como el auténtico Nerón, y poniéndose a sus órdenes. En fin, como en tantos casos similares, el cine hincaría sus colmillos, hambriento, en tan cinematográfico Emperador, desde una temprana película de 1906 titulada, diáfana mente, Nerón quemando Roma, pasando por otra cinta italiana de la primera década del siglo, Nerón y Agripina, y finalizando con otro film de Alessandro Blasetti de 1930 con el nombre del mismo protagonista como título Nerón. En todos ellos el papel del Emperador fue un regalo para los actores. Pero donde esto se evidenciaría extraordinariamente, hasta el punto de identificar a un actor con su personaje fue en la película norteamericana Quo Vadis (Mervyn Le Roy), con un fuera de serie en una buscada sobreactuación a cargo del actor Peter Ustinov, que desde ese momento (1951) será ya siempre «Nerón», y no el señor Ustinov COMODO
Nerón: Un Ser Despreciable, Loco y Salvaje
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JOSE QUIÑONES GONZALES
Sus primeros años...
Del matrimonio de Don José María Quiñónes Arizola y Doña María Juana Rosa Gonzáles Orrego, nació José Abelardo Quiñónes Gonzáles, en el puerto de Pimentel, el 22 de Abril de 1914.
Pasada la etapa de los primeros años, con los mas solícitos cuidados de la madre, el niño José Abelardo comenzó su educación inicial, empezando las primeras letras bajo la tutela de las señoritas Elvira Delia y Esperanza Bulnes, regentes de una pequeña pero eficiente escuela de Chiclayo. Las cuales "recuerdan" que fué un alumno que se destacó por su inteligencia, educación y buen comportamiento.
De la etapa inicial pasaría a continuar el niño su educación primaria en el famoso Colegio Nacional de "San José".
El ciudadano Alemán Dr. Karl Weiss quien regentó el famoso plantel propugnó e impulsó el interés por la aviación en la juventud, impactado por las actividades aéreas de su hijo Carlos en Alemania, puso un particular interés por la aviación en sus estudiantes, el fervor del vuelo humano y los ejemplos prácticos que realizaba el gran educador influyeron en forma todavía imperceptible el espíritu de un niño desconocido, llamado José Quiñónes en el futuro escojido por la gloria para conformar el trío prócer de la Fuerza Armada Nacional.
El ciclo de la educación primaria de José Quiñónes se caracterizó por una normal aplicación unida a una preferencia respecto a los deportes y todo tipo de ejercicio donde su sentido de entrega aparece como índice de su futura personalidad de arriesgado aeronáuta.
Quiñónes en Lima
Empeñádos sus padres en proporcionarle la mejor educación posible, decidieron que marchase a estudiar a un colegio en Lima, abriéndole de este modo horizontes más amplios para un adolescente que mostraba calidad digna de mayor apoyo.
Su educación secundaria fué iniciada en el Colegio de La Recoleta (1928), prestigioso plantel limeño dirigido por eclesiásticos de la congregación de Sagrado Corazónes.
Allí permaneció durante los dos primeros años de secundaria, con resultados aprobatorios.
Pasó a estudiar los tres años restantes en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Concluyendo así el joven Guadalupano (Quiñónes) con éxito sus estudios el año 1933.
El paso siguiente sería prepararse para una nueva y más importante fase de su vida; tentar el ingreso en la Escuela Central de Aviación "Jorge Chávez".
Estudios profesionales...
Al concluir sus estudios de secundaria, el joven Quiñónes tenía que vencer la natural resistencia familiar, quienes no veían con mucha confianza la riesgosa carrera de aviador militar. Siempre supieron de la vocación que tenía José Abelardo, especialmente cuando espectaba embelezado el vuelo de los planeadores. Mas tarde, sus conversaciones tenían como tema las hazáñas aeronáuticas, los vuelos de muchos jóvenes Peruanos en quienes veía el futuro de su carrera aeronáutica y devota... como anhelaba él. Pero tenía que obtener la autorización paterna, requisito indispensable para su ingreso a la Escuela Central de Aviación "Jorge Chávez". Había una tensa comunicación entre padre e hijo, la que felizmente fué vencida por la firmeza de su vocación.
La carta de Consentimiento Familiar le fué otorgada el 5 de Febrero de 1935, quedando así abierta la senda de su destino como aviador...
En Febrero se convocó a Concurso de Admisión de Cadetes, previa presentación de solicitud, debían adjuntar certificados de soltería, buena conducta, etc.
El joven Quiñónes fué citado a pruebas de carácter físico y exámenes médicos rindiendo test psicotécnicos y finalmente rindió la prueba de cultural general.
José Abelardo Quiñónes, salió airoso en todas las pruebas y fué seleccionado como Cadete de la Escuela de Aviación. Su ingreso se oficializó mediante Resolución Ministerial Nro 59 del 30 de Marzo de 1935, siendo dado de alta como Cadete de Primer Año, iniciando de inmediato una etapa de adaptación a la vida militar y luego establecer sus condiciones para el vuelo. Es pertinente puntualizar que durante su entrenamiento inicial y luego de 4 horas y 40 minutos de doble mando, obtuvo la aprobación para realizar su VUELO SOLO, revelando así condiciones excepcionales.
Posteriormente, el 20 de Enero de 1936, recibe su Brevete Internacional, al totalizar 30 horas 23 minutos con 275 aterrizajes.
Por entonces, la progresión para Cadetes Pilotos, se llevaba a cabo durante 4 años de entrenamiento.
En lo concerniente a la instrucción académica y física, había desarrollado un buen método de estudio y era concentrado en las tareas que hiban desarrollandolo como profesional sin descuidar su estado físico destacando en pruebas atléticas...
En lo referente a los vuelos es ya legendario la facilidad que tenía para adaptarse a la instrucción de pilotaje. Valga recalcar sus innatas condiciones cuando en poco más de cuatro horas voló "SOLO", record nunca igualado y que es el inicio de una extraordinaria carrera militar.
Mostró además gran habilidad para la práctica de la mecánica y destreza en el vuelo de planeadores, orientándose con gran entusiasmo hacia la práctica de acrobácia aérea.
Como aspecto anecdótico, cabe aquí recordar una costumbre permanente en él, que consistía en pulir y sacar punta a cualquier trozo de madera o rama desprendída, empleando como herramienta una simple navaja. De su rutina como Cadete se cuenta que al retornar cierta véz con notoria tardanza a la Escuela y pretender escalar el muro, topó con un toro bravo, dando prueba de sangre fría, poco común, se mantuvo inmovil algún tiempo hasta que el fiero animal terminó por alejarse.
Cuatro años después de su ingreso, el 21 de Enero de 1939, se realizó la solemne ceremonia de clausura del Año Académico en la Escuela Central de Aeronáutica "Jorge Chávez".
Leída la Memoria del Director de la Escuela, Comandante Armando Zamudio, recibió la Espada de Honor el Cadete de Cuarto Año Cesar Lynch, ocación en la que el Cadete José Quiñónes obtuvo su despacho de Alférez de Aeronáutica, Brevete, Espada e Insignias de su grado.
En su calidad de Nro 1 como piloto de Caza, le fué otorgado Diploma y Pulsera de Oro, ceremonia que prosiguió con el juramento de estilo y discurso del Señor Presidente declarando clausurado el Año Acedémico.
Como segunda parte del ceremonial hubo demostraciónes aéreas de la habilidad profesional de los recientemente brevetados Oficiales de Aeronáutica, en aviones:
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Curtiss Falcon
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Curtiss Hawk
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Fairey Fox
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Douglas
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Caproni 113
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Caproni 114
Finalizaba tan hábiles demostraciones de eficiencia de los pilotos, cuando apareció en el firmamento según refiere RIVERA POLAR: "Un solitario Caproni 113. Un rumor multitudinario, denso y vasto como oceánica marea, se detiene antes de la unánime exclamación de asombro. Hay un momento de estremecer suspenso, que enmudese todas las voces y apaga todos los ruidos.
El avión de alta acrobácia, guiado por Quiñónes, ha descendido en caída casi vertical, y cuando parecía estrellarse, violentamente, herido por ciega fatalidad, endereza sus alas, emprende nuevamente vuelo en posición invertida, casi al raz del suelo, se eleva un poco, magistral y victorioso, pasa rozando las tribunas."
"Estalla el grito multanime, dando vía libre al asombro y el eco de los aplausos, llevados por el viento, anuncia el comienzo de la meteórica trayectória del Alférez Quiñónes."
Como se pudo apreciar en una película de la época, José Quiñónes efectuó en realidad, no una sino tres pasadas, en progresivo descenso, la primera a tres metros del suelo, la segunda a dos metros y la tercera a la escalofriante de metro y medio. Constituyó el pasmo de la nutrida concurrencia y un alarde de suprema pericia del piloto que recién se graduaba.
El Alférez CAP José Abelardo Quiñones Gonzáles piloteando un avión Caproni 113 realiza un vuelo invertido a dos metros del suelo el día de su graduación como piloto. |
El Cadete Quiñónes, integrante de la Promoción "Comandante CAP José Lucas Ragúz Verán" (1935-1938), registraba el siguiente record en su Libreta de Vuelos:
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Primer Año - 1935 |
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Avión |
Morane Saulnier |
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Horas de Vuelo |
30 Hrs 23 minutos |
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Solo |
4 Hrs 40 minutos |
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Aterrizajes |
275 |
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Brevete Internacional |
20 de Enero de 1936 |
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Segundo Año - 1936 |
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Avión |
Hanriot |
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Horas de Vuelo |
45 Hrs 24 minutos |
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Aterrizajes |
259 |
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Solo |
12 de Mayo de 1936 |
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Tercer Año - 1937 |
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Aviones Acrobáticos |
Morane Saulnier (5-8-37) |
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Horas de Vuelo |
112 Hrs 3 minutos |
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Aterrizajes |
359 |
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Raids-Vuelo de navegación |
Las Palmas-Paramonga-Las Palmas (19-7-37) |
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Vuelo Nocturno |
26-11-37 |
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Cuarto Año - 1938 |
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Aviónes |
Curtiss Falcon (16-5-38) |
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Horas de Vuelo |
106 Hrs 8 minutos |
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Aterrizajes |
266 |
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Escuela de Hidroaviación de Ancón |
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Hidroaviónes |
Chance Vought (29-11-38) |
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Total de horas voladas a Diciembre 1938 |
293 Hrs 57 minutos |
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Nota Final |
16.14 |
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Brevete de Piloto |
RS. del 09-01-39 |
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Total de Horas voladas al 21-01-39 día de Clausura |
307 Hrs 34 minutos |
Quiñones Piloto Cazador |
Pasado el tiempo, 10 de Julio de 1939, fué nombrado entre otros a la dotación de la Base Aérea "Teniente Coronel Ruíz" (Chiclayo) quien formaría parte de la 41 Escuadrilla de Aviones NA-50, los que fueron trasladados en vuelo, en número de 7, al mando del Capitán E. Ciriani y los siguientes pilotos: Alférez Carlos Frias, Fernando Parraud, Enrique Espinoza, Angel Santa María, José Quiñónes y José Sanchez Navarrete. Estrategicamente instalados en aquella dinámica y acogedora ciudad norteña, el aviador Quiñónes perfeccionó su técnica y táctica de aviación de combate. Aprendió a tomar distancias, a coger ventajas para derribar a cualquier adversario en el aire. Nada podía quedar a la improvisación, decía a sus compañeros de escuadrón.
Dentro de esta forma de vida propia de un joven que frisaba los 27 años, lapso que hacia cada vez mas patente la pasmosa facilidad suya para la aeronáutica. El Alférez Quiñónes sería ascendido a la clase de Teniente de Aeronáutica. Era el hito postrero para escalar una futura cima de gloria.
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GALERIA DE FOTOS DEL HEROE |
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Teniente CAP José A. Quiñones G., al fondo se ve un avión de caza NA.50 "TORITO" |
La hazaña Inmortal...
Producida la tensión diplomática con el ecuador, entre otras Unidades Aéreas, el 21 Escuadrón de Caza, al mando del Teniente Comandante CAP Antonio Alberti, con dos escuadrillas de Caproni CA-114 de 3 aviones y una escuadrilla de 5 NA-50, fué asignada al teatro de operaciones norte. La 41 Escuadrilla formada por los NA-50, estaba inicialmente estacionados en Talara y luego pasó a Tumbes, en esta unidad prestaba servicios el Teniente Quiñónes.
Desde el inicio de las operaciones cumplió diversas misiónes de reconocimiento en el teatro de guerra.
Con riesgo constante logró fotografiar extensas áreas del frente ecuatoriano en diversas misiones.
En la Libreta de Vuelos del Teniente Lynch, ilustre compañero de Quiñónes, están las huellas de 5 intervenciones previas con el Teniente Quiñónes... las cuales fueron Chiclayo-Zarumilla-Tumbes, Tumbes-Boca Capones-Talara, Talara-Rio Catamayo-Macara-Piura, Talara-Huancabamba-Chiclayo, que son un índice de intensa actividad a la que estuvo sometido.
Los reconocimientos aéreos efectuados los días mencionados, permitieron detectar nutrida concentración de tropas ecuatorianas en la zona. Provenían de la provincia de el Oro y estaban orientadas hacia el frente de Zarumilla, y por el lado del mar, en el Canal de Jambeli, desplazamientos del barco ecuatoriano "Atahualpa".
Esta serie de movimientos tácticos del enemigo por tierra y por mar, pusieron en alerta al Comando Peruano y originaron una tensa y paciente espera. El amenazante presagio del ataque ecuatoriano se tornaría patente en la agresión ecuatoriana acaecida a fines de ese mes.
Como medida precautoria, desde Tumbes el Comandante del Agrupamiento Norte, General de Brigada EP Eloy Gaspar Ureta Montehermoso, emitió la orden de operaciones Nro 3, el día 20-VII-1941, asignando una misión a la Primera División Ligera. Para cumplirla era necesario el apoyo de la aviación, factor impresindible en la zona, con el fin de asegurar el éxito de la operación bélica. A su vez el Coronel EP Luís Vinatea emitía la Orden de Operaciones Nro 2 en el sector de Noblecilla y con el apoyo de la aviación, ordenó desatar un violento ataque destinado a conquistar puntos vitales del campo enemigo.
La noche entre el 22-23-VII-1941 se produjo la agresión ecuatoriana contra el puesto Peruano de Lechugal, choque con escasas bajas. Casi de inmediato hubo, más al norte, acciones en Aguas Verdes y otra ofensiva al sur de Huaquillas, en Pocitos, las que fueron rechazadas por soldados Peruanos. Comenzaba entonces la primera fase de la batalla de Zarumilla o como la define el Jefe de Estado Mayor Teniente Coronel EP Miguel Monteza Tafur, el conjunto de combates realizados entre el 23 y 31 de Julio de 1941 en la frontera norte encuentro así llamado por ser aquella zona del rio de este nombre el principal centro de lucha. Otro simultáneo choque armado se realizaba en la parte del Rio Tumbes, colindante con la provincia El Oro.
El objetivo de la aviación Peruana era bombardear Chacras y Quebrada Seca, siendo este último lugar el principal objetivo del ataque. Porque en Quebrada Seca el ejército ecuatoriano tenía ubicada la mayor parte de su artilleria, complementada por numerosas baterías de ametralladoras.
El plan ofensivo del Teniente Comandante Alberti Bonino, Jefe de la 41 Escuadrilla, era atacar y destruir los nucleos de fuego antiaéreo de Rancho Chico y Quebrada Seca. Corriendo el máximo riesgo, por estar ambos lugares con artillería antiaérea. El ataque buscaba impedir concentración y traslado de tropas ecuatorianas entre Huaquillas, Chacras y Quebrada Seca.
Avión de caza desarrollado a partir del NA-16 (AT-6) especialmente para el Perú; se contruyeron siete en agosto de 1938. Se usó en la guerra contra Ecuador de 1941 piloteado, entre otros, por el máximo héroe de la FAP, capitán José Abelardo Quiñones González. Después de la guerra se usaron para instrucción avanzada de los cadetes en Las Palmas hasta 1960. Localmente se les dió el apodo de "Torito". |
Completaban el heróico grupo de ataque del Teniente Comandante Alberti (avión NA-50-XXI-41-1), los Tenientes Fernando Parraud (avión NA-50-XXI-41-2), José Quiñónes (avión NA-50-XXI-41-3) y el Alférez Manuel Rivera López (avión NA-50-XXI-41-4).
Por su parte, el XI Escuadrón de Bombardeo dirigido por el Comandante Gal'Lino, bombardearía Chacras y Huaquillas, para obstaculizar el ataque ecuatoriano contra la tropa Peruana.
Con esta finalidad la XIII Escuadrilla de Bombardeo partió de la Base de Tumbes, a las 08.10 hrs del 23-VII-1941. Antes, a las 06.45 hrs partía la 41 Escuadrilla, al mando del Teniente Comandante Alberti, llevando de aleros al Teniente Parraud, en una segunda patrulla, ligeramente abierta, iba el Teniente Quiñónes con su alero Alférez Manuel Rivera López. La misión era aniquilar a la artillería ecuatoriana ubicada en Quebrada Seca.
Iniciado el movimiento ascendente hasta los 2,000 metros y ya enfrentados al objetivo, un sostenido fuego antiaéreo partió de las baterías enemigas. Alberti, serenó el rostro, inició un ataque picando hacia el objetivo seguido de su alero Parraud. Se buscaba colocar las bombas con precisión y ametrallar a la hueste contraria. Llegaba, improrrogable, el instante cumbre.
En la segunda patrulla, el Teniente Quiñónes en su avión NA-50, al que le gustaba llamar "PANTERA", inició su arriesgada "picada", seguido por el Alférez Rivera.
Pero en el tramo final, a 300 metros del objetivo, Quiñónes fué alcanzado por una intensa ráfaga de fuego antiaéreo, tan potente que el aparato quedaría semi-destruido.
Aquí la superlativa consigna "DERRIBADO PERO SOBRE EL OBJETIVO", será fielmente cumplida. Con mano firme, el heróico Teniente Quiñónes, dirige su avión "PANTERA" contra el poderoso reducto enemigo y lo reduce a humeantes escombros, pagando el supremo precio con su preciada vida ¡¡¡HOLOCAUSTO DEL HÉROE!!! Aniquilado el poderoso foco enemigo, el presagio de triunfo se transformaría en hazaña, plena de realidad. Quiñónes ES UN TÍPICO CAPITÁN DE LA VICTORIA.
"El Aviador llegado el momento debe ir hasta el sacrificio"
""El cazador (piloto de caza) tiene el deber de llegar hasta el sacrificio antes de permitir que pase un solo avión de bombardeo".
"Todo ser humano tiene en el camino su pedestal de héroe. El mérito consiste en que, llegado el momento, tenga el coraje suficiente para subir a él"
Capitán CAP José A. Quiñones G., Héroe de la Aviacion Militar Nacional del Perú |
En el conflicto con la República del Ecuador, el 23 de Julio de 1941: El Teniente FAP José Quiñones González; cumplió heroicamente con abnegación, desprendimiento y sacrificio de su vida. Por eso la Aviación Militar del Perú, rinde homenaje al Capitán FAP José Quiñones Gonzáles considerándolo su héroe representativo y es la Ley Nº 16126 del 10 de Mayo de 1966 que lo declara Héroe Nacional por su acto heroico y asimismo que en cada 23 de Julio se conmemore el aniversario de su heroico sacrificio, y además considera es el DÍA DE LA AVIACIÓN MILITAR DEL PERÚ.
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Avión de caza XXI-41-3 North American NA-50 usado por Quiñones en su acto heroico y restaurado por Personal Técnico FAP |
La Fuerza Aérea Ecuatoriana, representada por el Coronel Octavio Ochoa, Jefe de la IV Región Militar del Ecuador; el 19 de Octubre de 1941, entregó los restos mortales de nuestro héroe; pronunciando las frases siguientes: "A nombre de la Fuerza Aérea del Ecuador, entrego a la Fuerza Aérea del Perú, los restos de quien supo honrar a su patria, a su pueblo y a su fuerza armada. Mi pueblo, rinde homenaje al pueblo peruano, dignamente encarnado en la figura heroica de José Abelardo Quiñones Gonzáles".
sipan
En el proceso evolutivo de los pueblos del paso del Perú este fue el más grandeHallazgo realizado por la arqueología nacional, internacional maravilla del mundo . Antes del descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán, los estudiosos pensaban que las imágenes o representaciones del arte Mochica formaban parte de escenas mitológicas sólo existentes en la imaginación de sus creadores. Por ello fue una sorpresa constatar que muchos de los emblemas, ornamentos y atuendos encontrados en este magnifico entierro, los cuales fueron usados en vida por su propietario, resultaban semejantes a los figurados en los temas clásicos del arte Mochica, principalmente en "La presentación" o "Sacrificio de prisioneros". La correspondencia de símbolos y ornamentos no podía ser más exacta, lo que constituyó una clave importante para reconocer el rol y jerarquía del Señor cuya tumba acabábamos de descubrir. El Señor de Sipán ocupaba la cúspide de la estructura social y política de su tiempo con un carácter semidivino, a juzgar por los objetos encontrados y por sus acompañantes. Diferentes vestimentas y ornamentos del Señor aparecen también en otras representaciones del mundo Mochica. Así, encontramos las orejeras con el ave sagrada en el "ritual de purificación", el tocado de algodón en las "carreras rituales", la túnica de placas metálicas en la "danza con soga", entre otras. Suponemos entonces que el Señor de Sipán habría presidido todo evento sagrado o actividad gubernativa. Su deteriorada osamenta nos permite saber que murió a una edad promedio de 40 años y que, con excepción de una incipiente artritis, gozaba de buena salud. Su estructura corpórea demuestra poco trabajo físico y el escaso desgaste dental habla de una dieta especial. Esto le permitió alcanzar una estatura de 1.67 m (alta para su época). Las particularidades físicas que muestra señalan una especial forma de vida y caracteres hereditarios: debió integrar una casta de hombres nobles que heredaba.
EL POR QUE FALLO LA REFORMA DE VELASCO EN EL PERÚ
El 29 de agosto de 1975 se inicia la llamada "segunda fase" de la Revolución Peruana. Formalmente se mantienen los principios y se varía únicamente la metodología; es decir, la forma de aplicación de la Revolución. En tal perspectiva, se declara la necesidad de ser pragmáticos y seguir haciendo cambios, pero "en forma racional y metódica y atenta a la realidad para no causar innecesarios trastornos".En el campo de la educación se estableció desde febrero de 1977 una política nacional para adecuar la aplicación de la reforma de la educación "al espíritu de la segunda fase de la Revolución Peruana". En una inequívoca posición de contradicción dicha política señalaba que "todos los principios y normas Generales de la Política Educativa Nacional se inspirarán y encuadrarán dentro del espíritu y las pautas de la Ley General de Educación".A pesar de lo señalado anteriormente es evidente que las orientaciones fundamentales de tal política esquematizaron las postulaciones básicas de la educación reformada y tuvieron un enfoque acentuadamente escolarizado. Hubo algunas ausencias significativas: articulación del desarrollo cultural, científico-tecnológico y educativo; articulación del desarrollo educativo con la política nacional de empleo; y definición clara y concreta del sentido y alcalices de la reforma general de la educación peruana.El mejoramiento de la situación integral del magisterio debió merecer la urgente definición política del Gobierno, contando para el efecto con la activa participación del magisterio nacional. La experiencia histórica de la comunidad internacional demuestra que si no hay cambio en la actitud del maestro y si éste no adquiere un compromiso consciente, las posibilidades de aplicación de una educación reformada se limitan considerablemente, inclusive si en el seno de la respectiva sociedad nacional se están dando cambios profundos.Lo señalado anteriormente tiene directa relación con el reentrenamiento magisterio ¡ Tuvimos ocasión de señalar que de un énfasis fundamentalmente doctrinario se pasó a uno pragmático con especial incidencia en lo científico-tecnológico. El reto que debió encararse fue la caracterización de un reentrenamiento magisterial que combinara armoniosamente éstos y otros aspectos, pues sólo una capacitación integral y permanente al maestro peruano le permitiría participar adecuadamente en la aplicación de una nueva educación que afirmaba su perfil global y se ubicaba dentro de la concepción de la educación permanente.Este cambio le falto una doctrina en las mentes .
LA REFORMA EDUCATIVA DE JUAN VELASCO ALVARADO EN EL PERÚ
En septiembre de 1969 (a menos de un año de iniciado el Proceso Revolucionario) se establece la Comisión de Reforma de la Educación, con la misión de proponer una reestructuración total del sistema nacional de educación.La integración de dicha comisión fue, sin lugar a dudas, un acierto. Se convocó la participación de prominentes profesionales de diversas disciplinas y campos de actividad. La composición fue interdisciplinaria.Tal composición permitió que la problemática educativa no fuera considerada única y exclusivamente -como había ocurrido en las anteriores "reformas de educación" del siglo XX en el Perú desde una perspectiva pedagogicista. En la comisión se contó con la participación de educadores, filósofos, antropólogos, economistas, sociólogos, sicólogos, ingenieros, abogados, médicos, lingüistas, arquitectos, administradores, planificadores, tecnólogos, etc.La conformación de este equipo interdisciplinario permitió que se analizara con un criterio más amplio y objetivo la problemática global de la sociedad peruana en general y la problemática de la educación en particular.La estrategia de trabajo que optó la comisión consistió en hacer un análisis de la problemática nacional y, como parte de ella, un análisis a fondo de la problemática de la educación, contando para el efecto con el concurso de instituciones y personas que habían realizado estudios en la materia. Como resultado de tales análisis: se formuló el marco doctrinario de la nueva educación, se diseñó la estructura del nuevo sistema y se formuló los lineamientos básicos de estrategia para su aplicación.La formulación doctrinaria de la nueva educación peruana es ampliamente conocida y ha concitado el interés de la comunidad internacional. Rompe los esquemas conceptuales más o menos convencionales acerca de la educación e intenta la sistematización de una doctrina dentro de la más audaz concepción general de la educación permanente para aplicarse en una sociedad nacional concreta.Este fue el gran intento de cambio que paso la educación en el andino país.
EL CONDE CAGLIOSTRO
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Era originario de Palermo, Sicilia donde nació en el año 1743. Ocultista y médico, vivió en tiempos de Luis XVI. Curaba a los enfermos y acabó por ser condenado en prisión perpetua y finalizó sus días en las mazmorras del castillo de San León, en Urbino en el año 1795. Una vez establecido en Paris, mantuvo una larga entrevista con el cardenal Rohan, a quien reveló con todo detalle sus conversiones con el pretor Poncio Pilato, del cual se decía amigo íntimo. |
Cagliostro (Un Maestro Rosacruz Masón)
En varias ocasiones, a lo largo de los estudios regulares de la Orden Rosacruz Masonica, se hace mención a que Cagliostro no solamente fue impulsor de un rito particular, conocido como el Rito Egipcio, sino que también fue un gran impulsor y renovador de la Masoneria y el Rosacrucismo.
A él se debe, en gran parte, el desarrollo iniciático de la Orden Rosacruz actualmente, y a la disposición particular de los Templos en nuestras Logias.
El fue el que instituyó el uso del altar triangular, la Shekinah, en el centro de los Templos Rosacruces, tomando como modelo el del altar que el Conde de Saint Germain describe en su obra La Santísima Trinosofía.
Si bien el Conde de Saint Germain tenía un conocimiento muy preciso de la sabiduría y del simbolismo Rosacruz y Masón, que plasmó en la codificación de los Grados de las diferentes Cámaras de Instrucción, por medio de ciertas láminas simbólicas, que después fueron enriquecidas por otros adeptos, Cagliostro era eminentemente operativo, por lo que gran parte de lo enseñado por Saint Germain, que él también conocía por motivo de su alto estado de Iniciado Rosacruz, lo puso en práctica para que la técnica Rosacruz fuese más eficaz y adaptada a los tiempos que corrían.
Pero ahora, más que de la historia y de las innovaciones de Cagliostro, tema que es estudiado en uno de los Grados de la Orden Rosacruz, nos ocuparemos de su misión como Alto Iniciado, así como de su personalidad que, desgraciadamente, no solo no ha sido bien comprendida por los profanos, sino que ha sido vituperada sistemáticamente por mentes intolerantes y por instituciones sectarias interesadas en mantener sus privilegios, supuestamente espirituales, pero que están más directamente relacionados con el poder temporal.
Cagliostro, el Gran Maestro Cagliostro, nada tiene que ver con el personaje que describe Alejandro Dumas en su obra, Vida de Giuseppe Balsamo, ni con el personaje inventado por la Inquisición para desprestigiar al Gran Maestro Rosacruz.
Muchas personas que le había conocido y que incluso, en algunos momentos, fueron sus discípulos, cuando llegó el momento terrible del calvario del Maestro en manos de la Inquisición, dijeron, lo mismo que a Jesús le dijo la muchedumbre: "Donde están tus poderes, por qué no los utilizas para liberarte y para evitar tus sufrimientos" sin comprender que Cagliostro conocía la ley oculta y que se entregaba por completo a ella.
Se supone que Cagliostro fue hijo del Gran Maestre de la Orden de Malta, llamado Melo, y se sabe que su maestro fue el Rosacruz Althotas, el cual le inició y le introdujo en los Grandes Misterios, sirviéndole como introductor en la Iniciación Psíquica que Cagliostro tuvo en la Gran Pirámide de Egipto, en la que recibió su Iluminación.
Cagliostro viajó extensamente por toda Europa y por Oriente y por donde pasó siempre fue reconocido por su gran generosidad y elevado espíritu.
Cuando le preguntaron por qué derramaba tantas bendiciones sobre los seres humanos, a los que amaba por encima de todo, desprendiéndose de su conocimiento y riquezas en favor de ellos, curando a los enfermos, y asistiendo a los necesitados, Cagliostro respondió: "Siempre se debe avanzar, siempre se debe sembrar y dejar a los demás que recojan la cosecha".
Cagliostro, como Alto Iniciado que era, se consideraba un hermano con todos independientemente de que fuesen ricos o pobres, ilustrados o ignorantes, árabes o franceses porque según declaró: "No soy de ninguna época y de ningún lugar, y más allá del espacio y del tiempo, mi ser espiritual vive su eterna existencia. Si me sumerjo en mi pensamiento remontándome en el curso de las edades, si extiendo mi espíritu hacia un modo de existencia alejado de aquel que percibís, me convierto en aquel que deseo ser. Participando conscientemente del Ser Absoluto arreglo mi acción según el medio que me rodea. Mi nombre es aquel de mi función, pues soy libre; mi país, aquel donde fijo momentaneamente mis pasos. Poned fecha de ayer si lo deseáis, rehusando acordaros de años vividos por ancestros que os fueron extraños, o del mañana, por orgullo ilusorio de una grandeza que jamás será vuestra, yo soy aquel que Es".
Su generosidad era tal que fue capaz de, noche tras noche, en la época en que estuvo encarcelado en Francia por el asunto del collar de diamantes, al cual haremos referencia más tarde, salía de su celda y por un pasadizo secreto acudía a la llamada de aquellos que le necesitaban y a los cuales ayudaba y curaba ya que, por ser de condición humilde, nadie socorría. Cagliostro era un emisario de la Gran Hermandad Blanca y debía cumplir una misión de transformación en el seno de la sociedad de su época. El fue quien, dentro de las sociedades iniciáticas de su época, movió los hilos para que si el proceso de transformación no se producía naturalmente, lo hiciese de una manera enérgica.
Desgraciadamente aquellos que se encontraban en disposición, y que tenían el poder necesario, para permitir la transformación de la sociedad, es decir: los nobles y el clero, no se resignaron a perder sus privilegios compartiéndolos con el pueblo y ello dio lugar a la Revolución Francesa.
Cagliostro fue un Iniciado de primera magnitud y todas las Ordenes Iniciáticas de su época, así lo reconocieron dispensándole honores solo reservados a los más elevados. Fue iniciado en el Rito de Swedenborg, fue amigo de Martinez de Pasqually quien le introdujo en su Orden de los Caballeros Elegido Cohen, donde le dispensó el Grado más Alto, el Grado secreto de los Reau Croix. Colaboró con Willermotz, y con Louis Claude de Saint Martin, fue Gran Maestro del Rito Escocés, y Gran Maestro del Rito de los Filaletas, así como codificador y Gran Copto del Rito Egipcio.
Conoció y colaboró con el Conde de Saint Germain, que estaba encargado de preparar la transformación pacífica y natural de la sociedad y, al fracasar este, puso en marcha la fase operativa que habría de conducir al gran estremecimiento social que constituyó la Revolución Francesa.
Incluso se asegura que fue iniciador de un joven teniente, de origen corso, llamado Napoleon, que llegó a ser el emperador de Francia y agente activo de la exportación de las nuevas ideas por toda Europa y por todo el mundo occidental.
Su gran conocimiento, cultura, refinamiento, y encanto, le llevó a frecuentar los salones más distinguidos de Francia donde, al principio de su misión, despertó la envidia de algunos nobles quienes trataron de burlarse de él por medio de una farsa. Se cuenta que cuando estaba curando ante un auditorio de gente ilustre, se presentaron tres mendigos que le pidieron que les curara de la sordera, de la ceguera, y de un mal en la piel; Cagliostro accedió a ello y les dijo que podían salir de allí que estaban curados. Ante el estupor y la risa general, los supuestos mendigos se despojaron de sus harapos apareciendo ante todos como lo que eran, unos nobles, jóvenes ociosos, que querían "desenmascarar" a quien, para ellos, era un impostor.
Ante aquella burla Cagliostro declaró con voz solemne: "Recordad que lo que no habéis permitido que os diera, os lo puedo retirar", después de ello los jóvenes empezaron a gritar porque uno de ellos se había quedado sordo, el otro ciego, y el otro se retorcía de los picores en su piel. Cagliostro, siempre generoso, les perdonó y los jóvenes volvieron a la normalidad huyendo despavoridos. Desde entonces nadie se tomó a broma los poderes curativos de Cagliostro.
Su amistad con el Cardenal de Rouhan, quien había sido estafado haciéndosele creer que debía comprar un collar de diamantes para la reina María Antonieta de Francia, fue motivo para que se le involucrara en el llamado "asunto del collar" que constituyó un escándalo en aquella época y que, de alguna manera, precipito los acontecimientos que desembocaron en la Revolución Francesa. Cagliostro fue encarcelado y, aunque tuvo todas las oportunidades para escapar, permaneció en prisión en espera de juicio sabiendo que la justicia resplandecería al final, y convencido de que su misión entre los hombres aún no había terminado.
Se relatan muchos hechos curiosos del juicio a Cagliostro como que las actas de acusación se borraban a la vista de los acusadores que las leían y, en su magistral alocución de defensa, Cagliostro declaró, basándose en el ritual de Iniciación de la Orden Rosacruz Masonica: " Como el viento del Sur, como la brillante luz del Mediodía que caracteriza el pleno conocimiento de las cosas y la comunión activa con Dios, voy hacia el Norte, hacia la bruma y el frío, abandonando, por todas partes a mi paso una parcela de mi mismo, abandonándome, disminuyéndome en cada estación, más dejandoos un poco más de claridad, un poco más de calor, un poco más de fuerza, hasta que sea parado y fijado definitivamente el fin de mi carrera, en la hora en que la Rosa florezca sobre la Cruz. Yo soy Cagliostro".
Nunca se le perdonó que fuese un impulsor de la Luz, y le atacaron por su lado más débil que era el amor que tenía por su esposa, Lorenza Feliciani, quien, a pesar de su bondad, encanto, e ingenuidad, fue convencida por los miembros de la Inquisición haciéndole creer que su esposo era un representante del diablo, lo que le hizo flaquear sirviendo, de esta manera, a los sucios propósitos del Santo Oficio que despacharon correos por toda Europa con historias fantásticas, inventándose la figura de Giuseppe Balsamo, para desacreditar al Maestro.
Incomprensiblemente ante los ojos de los profanos, pero de acuerdo con una afirmación que había hecho anteriormente y que decía: "Un amor que me atraía hacia toda criatura de forma impulsiva, una irresistible ambición, un sentimiento profundo de mis derechos sobre los seres del cielo y de la tierra, me impulsaba y me arrojaba hacia la vida", Cagliostro viajó a Roma poniéndose así al alcance del brazo de la Inquisición.
Fundó un Logia en Roma, a la cual pertenecieron personas muy selectas; pero un traidor, un capuchino llamado Francesco de San Maurizio, quien era un espía y un agente del Santo oficio, le delató y proporcionó las pruebas, verdaderas o falsas, que permitieron su arresto y encarcelamiento.
Cagliostro sabía lo que le iba a acontecer, de hecho, el mismo se había metido en las fauces del lobo de manera deliberada, el sabía que el inmenso privilegio que le había sido concedido de servir a la Humanidad habría de pagarlo a un precio altísimo. La ley oculta establece que cuando una persona revela a los demás las cosas más sagradas y las leyes más elevadas del Universo, se hace responsable del uso que de ellas hagan sus alumnos y, para comprender con propiedad todo lo que él había enseñado, sin que fuese utilizado inadecuadamente, habría que tener la talla espiritual y la comprensión que poseía Cagliostro, alturas a las cuales no llegaban ninguno de sus alumnos.
Fue encarcelado y torturado en el Castillo de Santangelo, y llevado a juicio donde fue acusado, entre otras cosas por medio de una declaración arrancada bajo tortura a su esposa, de que adoraba al diablo y que blasfemaba del nombre del Señor.
Fue obligado, lo mismo que en la antigüedad lo habían sido el conde Raimundo VI de Tolosa, y el Gran Maestre de la Orden de los Templarios, Jacques de Molay, a presentarse con ropas de penitente ante la iglesia de Santa María, y adjurar de todos sus errores. Pero a pesar de su sufrimiento, de sus penitencias, de la tortura a la que fue sometido, Cagliostro no fue perdonado y se le encerró en la fortaleza de San Leo donde prácticamente fue enterrado en vida.
La Revolución Francesa ya había estallado y las tropas francesas que extendían por Europa los ideales de libertad, igualdad, fraternidad, se encontraban ya en Francia por lo que para evitar que Cagliostro fuese liberado, fue estrangulado en su celda el día 28 de agosto de 1.795.
Una leyenda dice que Cagliostro no murió, sino que el cadáver encontrado en su celda era el de un monje que iba a reconfortarle espiritualmente. Sea como sea, lo importante fue la obra que realizó y que perdurará a través de los siglos.
Quienes quisieron borrar su memoria ya están olvidados, pero él, Cagliostro, permanecerá en el recuerdo de muchísimas generaciones.
DINASTIA VALOIS
La política centralizadora y autoritaria del controvertido Felipe IV (1285-1314) convirtió a Francia en la monarquía más prestigiosa y poderosa del Occidente europeo. Sin embargo, la brillante época de Felipe el Hermoso preludiaba una larga etapa de crisis. A su muerte le sucedieron tres monarcas efímeros e intrascendentes: Luis X (1314-1316), hijo póstumo de Felipe IV, que murió a los pocos días de nacer, su hermano Felipe de Poitiers, que accedió al trono como Felipe V (1316-1322), y Carlos IV (1322-1328), hijo menor de Felipe el Hermoso. Durante este periodo se acentuó la tensión entre una monarquía con voluntad autoritaria y una nobleza poderosa dueña de territorios dotados de marcada personalidad. En manos de reyes sin talla política, la monarquía francesa sufrió una mayor presión de la alta nobleza encabezada por Carlos de Valois, hermano de Felipe IV. Para asegurar su posición la aristocracia reprimió a los influyentes letrados de la Corte (1314) e impuso un Consejo Real formado por nobles que controlara al rey (1317). Con todo, la diversidad de los intereses nobiliarios y la falta de un programa político común favorecieron a la Monarquía. Frente a la presión nobiliaria los reyes mantuvieron su apoyo a otras fuerzas políticas como la baja nobleza y las asambleas políticas -Estados Generales (1317), provinciales (1318) y organizados por bailías (1323)-. Carlos IV murió en 1328 sin heredero varón, convirtiéndose en el último monarca Capeto. La extinción de la secular dinastía francesa suponía la más que posible apertura de un nuevo frente de lucha entre Francia e Inglaterra, enemistadas gravemente por otras cuestiones. El problema de la sucesión al trono francés ha sido la explicación tradicional al origen del conflicto que enfrentó a Francia e Inglaterra durante los siglos XIV y XV. Sin embargo, la Guerra de los Cien Años fue mucho más que un problema dinástico, aunque a la larga éste se convirtiera en su pretexto fundamental. Los hechos sucedidos entre 1314 y 1338 ofrecen la verdadera dimensión dinástica de este gran conflicto. La falta de un heredero varón en los últimos tres reyes Capeto significó la quiebra del principio hereditario que la realeza francesa mantuvo hasta la muerte de Felipe IV. En 1328 tres candidatos aspiraban al trono de Francia con similares derechos: Felipe de Evreux, nieto de Felipe III, primo-hermano de los tres últimos reyes y esposo de Juana II de Navarra, hija de Luis X; Eduardo III de Inglaterra, nieto de Felipe IV por su madre Isabel; y Felipe de Valois, nieto de Felipe III y primo-hermano de los últimos tres Capeto. Las herederas femeninas habían quedado al margen desde 1316, al ser sucedido Luis X por su hermano Felipe V. Finalmente, Felipe de Valois fue coronado con el nombre de Felipe VI (1328-1350) por su mayor experiencia (tenía 35 años y era el mayor de los tres candidatos), su condición de "natural del reino" (según el cronista J. Froissart) y ser hijo del influyente Carlos de Valois. El acceso de los Valois al trono no levantó especiales resistencias entre sus oponentes. El más poderoso, Eduardo III de Inglaterra, demasiado joven y muy sujeto a su inepta madre Isabel, le reconoció y prestó homenaje en 1329 por el ducado de Guyena sin reclamar ningún derecho. La cuestión dinástica sólo revivió en 1338, cuando las relaciones entre los Valois y los Plantagenet se habían deteriorado gravemente por otros motivos. Más que un origen dinástico, habría que decir con M. Mollat que en la génesis de la Guerra de los Cien Años hubo un pretexto dinástico que los reyes de Inglaterra y Francia utilizaron para justificar un enfrentamiento cuyas causas tenían unas dimensiones mucho más amplias que las propiamente dinásticas.
polémica sucesión hizo posible la pretensión al trono de los reyes de Inglaterra -que a su vez eran los señores feudales más importantes en Francia-. Eso originó la Guerra de los Cien Años, en la que los Valois fueron derrotados en un principio, hasta que el territorio sobre el que gobernaban quedó reducido a una mínima expresión. El juego de alianzas del resto de casas nobles, como la de Borgoña, independiente en la práctica, hizo el conflicto interminable. Las campañas de Juana de Arco cambiaron las tornas de la guerra, que dejó como misión sagrada de la dinastía, teñida de providencialismo, reunir bajo su soberanía la multiplicidad de entidades en que estaba dividido el territorio entre el Rin y los Pirineos. Con Luis XI ya se consigue un poder real compatible con lo que serán en el contexto europeo occidental las monarquías autoritarias.
Ya en el siglo XVI -y coincidiendo con el reinado de Carlos I de España- reinaba Francisco I(desde 1515 hasta 1547) sucesor de Luis XII. Uno de sus logros fue fortalecer el poder real, así como ganarle a los suizos y hacer el tratado de Noyon que le daba derechos sobre el Ducado de Milán. También era uno de los candidatos al trono del Sacro Imperio Romano. Todas estas cuestiones lo convierten en rival de Carlos I de España, lo que se materializa en las guerras de Italia donde es apresado en Pavía. El tratado de paz de Chateau-Chambresis termina por conseguir un equilibirio: la mayor parte de Italia para España y la mayor parte de Borgoña a Francia.
El monopolio español sobre América también es discutido, así comienzan las expediciones a Canadá.
La reforma protestante fue muy activa en Francia, dejando una importante minoría de calvinistas o hugonotes.
Enrique II de Francia se casa con Catalina de Médicis y tienen tres hijos varones Francisco II de Francia, Carlos IX de Francia y Enrique III de Francia quienes por su incapacidad de gobernar, dejan un papel destacado a su madre. En este contexto - y con la intervención de Felipe II de España- se desatan las Guerras de Religión, que acaban destruyendo a la dinastía.
| Nombre Español / Francés | Período histórico (1) | Parentesco |
|---|---|---|
| Rama Principal | ||
| Felipe VI de Valois / Philippe de Valois | 1293-1328-1350 | Hijo de Carlos de Valois y Margarita de Anjou |
| Juan II el Bueno / Jean le Bon | 1319-1350-1364 | Hijo de Felipe VI y Juana de Borgoña |
| Carlos V el Sabio / Charles le Sage | 1338-1364-1380 | Hijo de Juan II |
| Carlos VI el Loco (1) / Charles le Fou | 1362-1380-1422 | Hijo de Carlos V y Juana de Borbón |
| Carlos VII el Victorioso / Charles le Victorieux | 1403-1422-1461 | Hijo de Carlos VI e Isabel de Baviera |
| Luis XI / Louis le Prudent | 1423-1461-1483 | Hijo de Carlos VII y María de Anjou |
| Carlos VIII / Charles l’Affable | 1470-1483-1498 | Hijo de Luis XI y Charlote de Saboya |
| Rama Valois - Orleans | ||
| Luis XII el Padre del Pueblo / Luis le Père du Peuple | 1462-1498-1515 | Hijo de Carlos, duque de Orleans y María de Clevès |
| Rama Valois - Angulema | ||
| Francisco I / François Ier | 1494-1515-1547 | Hijo de Carlos, conde de Angulema y Luisa de Saboya |
| Enrique II / Henri | 1519-1547-1559 | Hijo de Francisco I y Claudia de Valois |
| Francisco II / François | 1543-1559-1560 | Hijo de Enrique II y Catalina de Medici |
| Carlos IX / Charles | 1550-1560-1574 | Hijo de Enrique II y Catalina de Medici |
| Enrique III / Henri | 1551-1574-1589 | Hijo de Enrique II |
KAMELOT
ilusión de Camelot, dorada ciudad de paz y armonía, sedujo por vez primera la imaginación popular en la Edad
Media, entre guerras y enfermedades. El deseo de que esta ciudad ideal haya existido ha inspirado la búsqueda de un lugar verdadero que pueda identificarse como Camelot. El reino mítico de la leyenda artúrica ha cautivado al mundo durante ocho siglos. En su centro se alzaría Camelot, la encumbrada ciudad en la que el rey Arturo alojaba a su corte y se sometía, junto a sus caballeros, a los códigos de la caballería y el amor cortés.
El nombre "Camelot fue acuñado por el poeta francés del siglo XII Chrétien de Troyes. Inspirado por los trovadores de la corte de Leonor de Aquitania, había introducido en la historia de Arturo el tema del amor cortés, según el cual una dama podía convertirse en el objeto de devoción de un caballero (le honor, dedicado a ella.
Los caballeros disponían así (le motivos para sus hazañas, y las historias cobraban gran seducción para las damas.
El Camelot de Chrétien reposa en un sitio atemporal de bosques y castillos encantados, de magia y maravilla. Los caballeros emprendían desde allí sus aventuras, rescatando a damas en desgracia, corriendo peligros físicos y sobrehumanos y regresando satisfechos a Camelot. Síntesis de estabilidad en un mundo impredecible, simbolizaba la civilización contra la barbarie, el orden en medio del caos, un futuro prometedor y un pasado glorioso.
La historia de Camelot empieza y termina con Arturo. Ciertas pruebas indican que tras el legendario rey estuvo una persona real, un caudillo británico del siglo V que tuvo a raya a las tribus germanas tras la partida de los romanos. Consumada la conquista sajona, los relatos sobre el guerrero se integraron en la tradición céltica y circularon durante generaciones entre los habitantes del oeste de Inglaterra, Gales y Bretaña, fuera del alcance sajón. Así, la búsqueda de Camelot se inició en los territorios celtas.
El historiador Geoffrey de Monmouth fue el primero en popularizar a Arturo, en el siglo XII. En su versión, la corte del rey ocupaba Caerleon, en Gales del Sur, sede de una importante fortaleza y un anfiteatro romanos. En el siglo XII aún eran visibles las ruinas de una magnífica ciudad, así que su elección del sitio es explicable. Caerleon se alza en el río Usk, una posible vía de acceso para reyes y reinas a la ciudad de dorados palacios de Arturo.
El castillo de Cadbury en Cadbury del Sur (Somerset) es el emplazamiento más probable de Camelot. En el periodo en el que supuestamente vivió Arturo, se alzaba allí la mayor de las fortalezas británicas, cuartel de un rey con incomparables recursos. El primero en identificar a Cadbury con Camelot fue John Leland, anticuario del rey Enrique VIII, quien escribió: "En el extremo sur de la iglesia de Cadbury del Sur se elevaba Camelot, famosa ciudad o castillo antiguo...".
Algunas huellas arqueológicas apoyan la afirmación de Leland. En las excavaciones de los años sesenta, conducidas por el arqueólogo Leslie Alcock, se descubrió que la fortaleza de la Edad del Hierro de Cadbury del Sur, fue remozada y vuelta a ocupar a fines del siglo V, en tiempos que coinciden con los de Arturo. Construida en el siglo I a.C., fue atacada por los romanos en 83 d.C. y abandonada 400 años hasta su reconstrucción. Sobreviven apenas unos cuantos indicios de las estructuras de madera, entre ellas un salón de 19 m de largo. ¿Podría tratarse del recinto que albergó a la Mesa Redonda?
Otra opción muy aceptable sería el castillo de Tintagel, en la costa norte de Cornwall, presunta cuna de Arturo. Un castillo se alza allí desde 1145, muy reciente para ser Carnelot, pero ciertas excavaciones revelaron que un monasterio celta ocupó el lugar, y trozos de cerámica hallados allí indican que estuvo habitado en el siglo V. Exista o no relación entre Camelot y Tintagel, sus supuestas evocaciones artúricas siguen atrayendo a los turistas.
La historia del rey Arturo más conocida actualmente es La Morte d'Arthur (1485), de sir Thomas Malory, quien iidentificó a Camelot con Winchester debido, simplemente, a que ésta fue la capital sajona de 849 a 1066. Otra tradición sostiene que Arturo vivió en el norte de Britania, en un reino llamado Dalriada (hoy Argyll), y que la batalla de Camlan (la última de Arturo) tuvo lugar en Camboglanna, fuerte romano en la Muralla de Adriano.
La incertidumbre sobre el emplazamiento de Camelot se debe probablemente a que, lo mismo que su gobernante, sólo existió en la imaginación de los cuentistas. Si fue real, el castillo de Cadbury sería la sede más factible. Pero el verdadero atractivo de Camelot radica en lo que representa: un lugar regido por la valentía y el honor, donde el fuerte defendía al débil e imperaba la armonía. No en vano el poeta Tennyson escribió sobre Camelot: "La ciudad no se halla en ningún sitio, pero sí su visión".

LA HISTORIA DEL REY ARTURO
El rey Arturo fue mencionado por vez primera en un poema galés del siglo X, pero popularizado por Geoffrey de Monmouth en el XII. Varios elementos fueron añadidos a la leyenda el amor cortés por Chrétien de Troyes, el Santo Grial por Robert de Boron, y fundidos finalmente por sir Thomas Malory.
El Arturo de Malory corresponde a la tradición heroica, en lucha contra quienes pretendían apoderarse de su reino. Educado por el mago Merlín, supo de joven que era el verdadero heredero del trono al extraer la espada Excalibur de una piedra, proeza que nadie había podido realizar.
Otra versión de la historia afirma que la espada le fue entregada por la Dama del lago. Después se casó con Ginebra, recibió la Mesa Redonda como parte de la dote y corte en Camelot.
Los caballeros eran sometidos a pruebas de valor, que culminaban en la búsqueda del Santo Grial. Sin embargo, el amor de Ginebra por Lanzarote, el mayor de los caballeros, significó la caída de Arturo. Ida la armonía Mordred sobrino del rey intentó
hacerse con el poder. Este y Arturo se enfrentaron en la batalla de Camlan, donde ambos
A pesar de que Warhammer es un mundo fantástico lleno de seres inimaginables, bien es cierto que sus diseñadores beben de la mitología clásica, de las razas fabulosas creadas por Tolkien, Howard o incluso Lovecraft y de la propia historia de la Humanidad. El Mundo Antiguo donde se desarrollan las aventuras de Warhammer es a ojos de todos una extraña Tierra confeccionada a gusto de los diseñadores, pero que difícilmente puede escapar de un análisis siquiera ligero: Los reinos humanos son sencillos de descubrir, pues Estalia es España, Italia se convierte en Tilea y el Imperio de Karl Franz no es más que una versión diluida del Sacro Imperio de Carlomagno y de las posesiones Austro-húngaras de Francisco José; así, Sylvania es una lejana Rumanía (Transilvania) llena de vampiros, y Kislev nos recuerda poderosamente a Kiev, importante ciudad de la antigua Unión Soviética (actualmente Ukrania). Podemos pensar que, a pesar de que las otras razas poco tienen que ver con los humanos, siguen una extraña pauta: Los Altos Elfos, a pesar de que parecen vivir en una resurgida Atlantis, lo cierto es que encarnan perfectamente la blancura de los ingleses (habitantes, cierto es, de una isla), y que sus primos lejanos, los Elfos Oscuros, habitan en un lugar extrañamente similar a los actuales Estados Unidos de América, y su traición se asemeja (a ojos de los hijos de la Gran Bretaña), a la que cometieron los criollos americanos cierto cuatro de julio de un año no tan lejano... Este es un análisis serio pero no somero algunos de los personajes más importantes del folklore bretoniano, aparecidos en el Libro de Ejércitos - Bretonia de la 5ª Edición, y cuyas miniaturas todavía pueden encontrarse con relativa facilidad, o bien de aquellas tradiciones medievales que Games Workshop ha adaptado para componer la filosofía de nuestro bienamado ejército. BRETONIA La noble Bretonia es, en sí, una mezcolanza entre Francia e Inglaterra, tomando el espíritu de la Baja Edad Media (donde las relaciones entre ambos países, aún no formados en su totalidad, podían considerarse amables e incluso fraternales), a pesar de que su transfondo corresponde a una época especialmente amplia, entre los últimos dos siglos del primer milenio (años 800 a 1000), donde comienza a aparecer el sistema feudal e Inglaterra se desvincula de Roma, a mediados del siglo XV, por las razones que veremos a continuación. Bretonia es, a su vez, un término franco e inglés, que refiere desde la Bretaña francesa a la misma Gran Bretaña. La simbología bretoniana se reparte entre la fleur de lys (símbolo, por otra parte, en dorado y sobre azur, de la corona francesa), y el Grial (el Santo Cáliz de la Última Cena, buscado por caballeros, templarios y cruzados desde los tiempos de Arturo, que en la actualidad se encuentra custodiado en la Catedral de Valencia -España-*). A pesar de que la varias ciiudades bretonianas recuerda fonéticamente a ciudades reales de Francia (Bordeleaux -Burdeos-, Lyonesse -Lyon-), y que muchhos de sus nombres sean auténticamente franceses (Armand de Aquitaine, Jules el Bretón...), lo cierto es que existen parecidos suficientes con la Inglaterra de los normandos y los sajones (Bertrand y Hugo, así como el Rey Louen son copias calcadas de Robin Hood y su compañero Little John, así como de Ricardo Corazón de León), y la antigua Bretaña artúrica (La Dama del Lago, Morgiana, el Juicio de Dios...), como para considerar a Bretonia un lugar fantástico totalmente "francés". EL HADA MORGIANA (Morgan Le Fay) El hada Morgiana de Bretonia se nos presenta como una mujer temperamental pero bondadosa, de grandes conocimientos arcanos, profetisa de la Dama del Lago; monta en un hermoso Unicornio, viste una enjoyada capa bordada con flores de lis y alza en su mano un cáliz de pociones que recuerda poderosamente al Grial que buscan tanto los caballeros bretonianos como buscaban los caballeros cruzados. Pero nada más lejos de la realidad: Morgan Le Fay, personaje fantástico perteneciente a las crónicas artúricas, fue un modelo de maldad y perversión. Hermana del rey Arturo por parte de madre, fue enclaustrada de niña en un monasterio donde aprendió las artes nigrománticas; no tardó en ambicionar el trono de Inglaterra y no dudó en engañar a su esposo, entregándose voluptuosamente a un noble al que forzó a enfrentarse a Arturo en combate, robando para ello la mágica Excalibur. Después de fallar en su intento, tejió con sus propias manos una capa enjoyada, que encantó para acabar con la vida de quien la vistiese, y la entregó como presente a Arturo, en acto de reconciliación. La intervención de la maga Nyneve salvó la vida del rey, pero esto no impidió que siguiera conjurando para matarlo, cosa que consiguió, después de muchos intentos, en el ocaso de Camelot y la Tabla Redonda**. En un mundo dominado por una fe ciega en Dios, Morgana encarnó los siete pecados capitales en una mujer: Envidió el coraje de Arturo y sus caballeros, se encendió en ira mortal contra él, lo que la llevó a atentar contra su vida en más de una ocasión y, sobre todo, se dejó arrastrar por la lujuria, entregándose a tantos hombres como pudo para hacerlos caer bajo su embrujo y, así, poder lanzarlos contra Arturo. Es por ello incomprensible que pudiera montar un unicornio como se nos asegura en el perfil del personaje, puesto que estos fantásticos animales solo pueden ser montados, tocados y domados por muchachas de doncellez intachable, es decir, vírgenes y puras como el agua de manantial; en pocas palabras, de las muchas mujeres que podrían haberse acercado a un unicornio, probablemente Morgana habría sido la única corneada y coceada a partes iguales. Es comprensible que, para el aficionado no versado en temas artúricos, Morgana suena como más hechicera que cualquiera de las otras magas de las crónicas, más puras, pero menos conocidas; Así, por ejemplo, la propia Nyneve del Lago (no confundir con la Dama del Lago), que en su juventud enamoró a Merlín y acabó encerrándolo bajo una montaña, aprendió magia del legendario druida y, durante su madurez, ayudó a muchos caballeros, impartió justicia e incluso salvó la vida de Arturo en una ocasión; nadie refiere contacto carnal de esta maga, por lo que resulta mucho más apropiada para el personaje de Hada de Bretonia que la pérfida Morgiana (así que este es un buen momento para desterrar ese nombre de nuestras hojas de ejército). LA DAMA DEL LAGO, ESCALIBUR y EL SANTO GRIAL Según el trasfondo bretoniano en Warhammer, La Dama del Lago custodia el Santo Grial y entrega éste a los Caballeros Andantes verdaderamente valerosos para que beban de él; en la auténtica leyenda artúrica, la Dama del lago y el Santo grial son dos elementos completamente distintos y diferenciados, sin ninguna relación entre sí, como veremos a continuación. Por otro lado, el Santo Grial es una reliquia cristiana, correspondiente al cáliz con el que Criston bendijo la Última Cena junto a sus discípulos y que contuvo el agua -la sangre-, y, como se refiere en la Misa, este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y todos los hombres, lo que muchos consideraron una declaración de inmortalidad y de tránsito de la impureza a la pureza. El Santo Cáliz se encuentra actualmente en la Catedral de Valencia; aunque muchos incrédulos siguen afirmando que la reliquia (comparable en lo religioso a la Sábana Santa de Turín), es parte del tesoro de los Cátaros, son muchos los que creen de corazón que el Grial que se encuentra en la Catedral de Valencia es aquel que utilizó Cristo durante la última cena (en definitiva, el Santo Grial que buscaban los caballeros de la Edad Media, que corresponde con el Santo Grial custodiado por la Dama del Lago en nuestro juego). REPANSE DE LYONESSE (Juana de Arco) No el difícil comparar la historia de la Doncella de Orlèans con la aguerrida Repanse; la diferencia estriba, por supuesto, en que la revelación religiosa de aquella se convierte en fervor por la Dama del Lago y el Santo Grial en el caso de la joven bretoniana, y que en el primer caso los enemigos del Reino son los ingleses y en la ficción son los Orcos (apuntemos que los ingleses también pueden considerarse bretones a efectos geográficos en Warhammer, por lo que de haber seguido la historia al pie de la letra se hubiera producido una paradoja). A pesar de que Repanse pertenece a una edición pasada del juego (la 5ª), no debemos olvidarnos de su figura en plomo, de hermosa factura, y animarnos a buscar un personaje alternativo "legal", pues resulta más que apropiado para enfrentar al ejército bretón con una legión del Imperio encabezada por Cazadores de Brujas o Sacerdotes Guerreros, de iconografía próxima a la Inquisición, que puede enmarcar una batalla histórica muy similar a las que la Doncella de Orlèans mantuvo durante el apogeo de la Edad Media en Francia. LOUEN LEONCOEUR (Ricardo Corazón de León) No montaba un Hipogrifo, ni fue Rey de un reino verdaderamente unido y ni mucho menos tuvo la brillantez de la Armadura mágica que su homólogo ficticio portaba, pero Ricardo Corazón de León fue un monarca valeroso y arrojado, que encabezó una de las primeras Cruzadas hacia Tierra Santa y que, según crónicas y leyendas, fue traicionado por su hermano Juan Sin Tierra y encarcelado hasta que una revuelta campesina entre los sajones (sojuzgados en aquella época por los normandos, en el albor de Inglaterra), legendariamente encabezada por Robin Hood y sus bandidos de Sherwood, permitió al Rey regresar para reclamar su trono. Al darse cuenta de esta situación, la duquesa le pide a su marido retirarse inmediatamente del castillo y regresar a casa. El duque de Cornwall se retiró del castillo y reinició la guerra. El amor de Uther por la duquesa era tan grande que se enfermó y buscó la ayuda de Merlin, el mago de la corte. Éste le dijo que lo único que tenía era "Mal de Amores" y que podía ayudarlo con una condición: el hijo que tuviera con Ingraine se lo entregaría a él (a Merlin), para educarlo y prepararlo para cumplir su destino, que no era otro que ser el más grande Monarca de Inglaterra. Esta conversación animó a Uther para ir con sus tropas , en busca de su amor. El duque se enteró de sus intenciones y fue a su encuentro. En la lucha Cornwall muere y los mensajeros de Uther convencen a Ingraine para que se convierta en su esposa. Al final, ella accedió y pronto se casaron. Cuando nació el heredero, fue Merlin a ver a Uther y éste se lo entregó como había prometido. La criatura fue entregada a Sir Héctor, un noble de la corte, quien no tenía conocimiento de la sangre real del niño. El infante fue bautizado con el nombre de Arturo. Cuando Arturo contaba con dos años su padre, Uther, murió. El reinó entró entonces en una etapa de anarquía casi incontrolable que duró por años. Un buen día Merlin reunido con el arzobispo de Canterbury le dijo a los nobles de la corte que sería Cristo a través de un milagro quien señalaría el sucesor legítimo de Uther. El milagro no se hizo esperar, y en el cementerio próximo a la iglesia apareció un espada encajada en una piedra. En la hoja de la espada estaba inscrito: "quien pueda desencajarme de esta piedra será Rey de toda Bretaña por derecho de nacimiento". Ante este milagro todos los nobles intentaron sacar la espada, sin ningún resultado. Fue así como se decidió que, despues del torneo tradicional de cada año, los caballeros asistentes podrían probar suerte con la espada milagrosa. En uno de esos torneos (años después de la muerte de Uther), participaba Sir Héctor y Sir Kay, su hijo.Arturo no participaba porque era todavía un muchacho de 15 años, Cuando se dió comienzo a la competencia, Sir Kay se dió cuenta que no tenía su espada, entonces le pidió a su hermanastro que se la fuera a buscar a su casa. Arturo fue corriendo a buscarla pero no pudo entrar a su casa, pues estaba cerrada, entonces se recordó de la espada que estaba en el cementerio y fue en su busca. Tomó la espada por su empuñadura y la sacó con total facilidad. Al entregarsela a Sir Kay , éste se dio cuenta al instante que era la espada del cementerio, así que se la enseñó a su padre. Sir Héctor quedó lleno de estupefacción y se llevó a sus hijos hasta el cementerio. Allí le dijo a Arturo que volviera a meter la espada en su sitio, Arturo lo hizo. Luego, le instó a que la sacara nuevamente. Al ver a su hijo adoptivo sacar la espada tan fácilmente se postró de rodillas al igual que Sir Kay. Arturo se asombró de esto y Sir Héctor, con voz emocionada, le explicó que desde ese momento sería el Rey de toda Bretaña. Fueron entonces donde el arzobispo y le contaron la gran hazaña. El arzobispo reunió a todos los caballeros alrededor de la espada y dejó probar su suerte a cada uno. Dejó para el final a Arturo y éste volvió a sacar fácilmente la espada de la piedra, esta vez delante de un gran número de personas. Fue así proclamado de manera oficial como Rey de toda Bretaña y la espada se colocó solemnemente en altar mayor de la catedral de Canterbury. Poco después de su nombramiento, Arturo salió un día a pasear por un bosque cercano al palacio. En un camino solitario vio a unos maleantes que estaban acosando a un pobre anciano, cuando éstos vieron a Arturo acercarse salieron corriendo. El rey no se había dado cuenta que ese viejo indefenso no era otro que el mago de la corte, el gran Merlín. Éste, lejos de agradecerle su llegada, le dijo a Arturo que lo estaba esperando y que le iba salvar la vida. El joven monarca no lo entendió y siguió caminando junto con el mago. Unos minutos después se encontraron con un caballero en la mitad del camino, quien con aire arrogante les dijo: "nadie pasa por aqui sin antes pelear conmigo".Arturo aceptó el reto y, aunque luchó con fiereza, el caballero era mucho más diestro. Tanto fue así que casi pierde la vida si no es por la ayuda de Merlin quien, gracias a sus poderes mágicos, adormeció al caballero. Después de esto Merlin le explicó que el nombre de ese arrogante caballero era Pellinore y sería el padre de Percival y Lamorak de Gales. Percival sería uno de los que buscarían el Santo Grial. Arturo no le dió mucha importancia a todo lo que dijo el mago, estaba mas preocupado por su espada, que se había perdido en la pelea. Merlin le aseguró que había una mejor para él. Entonces se fueron a un lago cercano donde, de una manera misteriosa, estaba un brazo erguido que empuñaba una espada. "Ahí está tu espada", dijo Merlin. Arturo no sabía como llegar a la espada y entonces vio a lo lejos una balza con una joven vestida de blanco. "ella es la dama del lago, debes convencerla para que te dé la espada". La dama se acercó y el Rey le pidó la espada, ella le dijo que se la daría si le concedía un deseo. Arturo aceptó y la dama le dijo:" Toma mi barca y navega hasta donde está el brazo, él te dará la espada. En cuanto a mi deseo, te lo pediré después". Cuando Arturo tomó por fin la espada notó que en la hoja podía leer una inscripción que decía: "Excalibur" , más abajo decía: "Tómame". Y del otro lado de la hoja decía: "Arrójame lejos". Esta espada sería la protagonista de innumerables batallas victoriosas y de grandes hechos eroicos. El Rey Arturo comenzó sus primeros años de gobierno pacificando al país, y creando un mejor estado de vida. Pronto fue respetado por sus súbditos y temido por sus enemigos. Cuando ya tenía edad para casarse le comentó a Merlin que en una visita que había hecho al reino de Cameliard había visto a la hija del rey y se había quedado prendado de ella. Acto seguido le pidió al mago que reuniera una comisión de representantes del reino británico para ir donde el rey Legradance para pedir la mano de Guenevere, su hija. El rey de Cameliard quedó encantado con la propuesta y además de conceder la mano de la princesa le mandó como regalo una gran mesa redonda que le había regalado Uther. En esta mesa cabían hasta ciento cincuenta caballeros sentados. La mesa se colocó en un gran salón del palacio. Arturo decidió que en ella se sentarían sus mejores caballeros y que para poder sentarse en ella tendrían que hacer un juramento especial de fidelidad al reino de Camelot, a la iglesia y a las más nobles costumbres. Ningún caballero que fuera miembro de esta Orden podría hacer actos ilegales, deshonestos y mucho menos criminales. Cuando se reunieron por primera vez ante la mesa y se disponían a sentarse un gran relámpago seguido por un fuerte trueno los sorprendió a todos. Merlin, que estaba en el salón de la mesa redonda, dijo en tono muy solemne: "Caballeros es el momento para que cada uno le rinda homenaje al rey". Uno a uno fue pasando al frente de Arturo haciéndole una reverencia como acto de sumisión, fidelidad y respeto. A medida que iban pasando, el nombre de cada caballero aparecía grabado en oro en una de las sillas. Una vez sentado en sus respectivos puestos, se dieron cuenta que sobraban tres. Pronto Merlin les explicó: "Dos de estos tres puestos serán para los dos mejores caballeros de cada año, y la otra silla será sólo para el hombre más digno del mundo. Si alguien no reúne méritos para sentarse en esta silla y osa sentarse, morirá en el acto". Fue así, que en lo sucesivo varios caballeros se turnaron el derecho de sentarse en los dos puestos de honor, pero ninguno se atrevía a sentarse en el puesto prohibido. Ni siquiera Lancelot, que era el considerado más valiente y digno de todos los caballeros, osaba con pensar siquiera en la posibilidad de sentarse ahí. El Santo Grial era el cáliz donde José de Arimatea había depositado la sangre de Jesucristo. Se suponía que tenía propiedades mágicas y que el ser que lograra verlo podía ser testigo de una experiencia trascendental, espiritualmente hablando. Sucedió que un buen día (veinte años de haberse formado la Orden de la mesa redonda) se presentó al palacio Elaine, hija del Caballero Pelle, con el hijo que le había dado a Lancelot. Al presentarse el niño en el salón, la silla prohibida fue objeto de un milagro: en el espaldar apareció grabado en letras de oro "Este asiento ha de ser Ocupado". Sir Lancelot vio este mensaje y supo que Galahad, su hijo, era el mejor prospecto para sentarse en esa silla. Tiempo después, Galahad le pidió a su padre el permiso para formar parte de la Orden, Lancelot se lo concedió. Cuando Sir Galahad cumplió los 15 años entró al salón de la gran mesa acompañado de un anciano. El anciano le apuntó el asiento prohibido y todos los caballeros observaron como se formó magicamente el nombre de Galahad en el espaldar de la silla. Sir Galahad tomó asiento en la silla prohibida y todos quedaron maravillados y le rindieron honores al digno caballero. Ese mismo día, más temprano, había aparecido en un lago una piedra con una espada clavada en ella. El rey Arturo instó a Lancelot y a Gawain para que intentaran sacar la espada, pero fue Sir Galahad quien la pudo sacar sin la menor dificultad. Esta espada había pertenecido a un gran caballero llamado Balin. Ese día comenzaban los torneos tradicionales, en los cuales Galahad demostró sus grandes habilidades guerreras y su valentía. Cuando acabaron esos días de torneo, todos los caballeros se reencontraron en la mesa redonda. Comenzaron a discutir de las cosas cotidianas del reino y cuando ya estaba avanzada la conversación fueron interrumpidos por un fuerte trueno en el medio del salón y seguidamente un gran rayo atravesó el centro de la mesa. Todos se quedaron estupefactos al ver en frente de ellos bajar a traves del rayo el Santo Grial. Éste iba cubierto de una fina tela de oro. Una vez terminada la aparición, Sir Gawaine se levantó y con una voz sumamente emocionada dijo: "Nos ha sido negada la visión del Santo Grial y yo anuncio que mañana saldré en su búsqueda y no regresaré a Camelot hasta que lo haya visto". Este anunio contagió a todos. Uno a uno se fueron levantando y haciendo el mismo juramento. El rey Arturo estaba consternado . Con lágrimas en los ojos le dijo a su querido sobrino que con su decisión había destinado a la Orden a su pronta disolución. Todos los caballeros se dispersarían por el mundo, y muy pocos regeresarían con vida. La misma reina y Lancelot estaban tristes y sabían que la Orden de los Caballeros de la Mesa Redonda empezaba a disolverse para siempre. Muchas fueron las aventuras de todos los caballeros que fueron en busca del Santo Grial, pero fueron tres los caballeros que más se destacaron por sus logros. Éstos eran: Sir Galahad, Sir Percival y Sir Bors. Ellos se encontraron casualmente en un cruce de caminos en un bosque cercano al castillo del rey Pelles, Guardián de las santas reliquias. Fueron allí para cenar y pasar la noche. Durante la cena ocurrió una aparición del Grial con unos ángeles alrededor de él y un anciano con un letrero en la frente que decía José. Este anciano dió la comunión a los presentes, luego se dirigió a Sir Galahad y le dijo: "Ya has visto lo que tanto anhelabas, pero cuando vayas a la ciudad de Sarras lo verás mucho mejor. Irán los tres hacia esa ciudad llevando consigo el Grial y esta lanza que contiene la sangre de Jesucristo. Sólo unos de Uds. regresará a Camelot". Se fueron los tres juntos y tomaron una barca que los estaba esperando. Cuando llegaron a Sarras, el rey de esa ciudad se sintió temeroso por la visita de estos nobles caballeros y pensó que podrían buscar problemas. Resolvió detenerlos y mandarlos a una oscura mazmorra. Los tres caballeros pasaron un año encerrados. Durante este tiempo el Santo Grial los dotó de alimentos y bebidas. Cuando el rey de Sarras murió, el pueblo liberó a los caballeros y nombraron a Galahad como nuevo soberano. Sir Galahad gobernó por un año, durante el cual mandó hacer un gran altar donde colocar al Grial y a la lanza. Después de este lapso de tiempo ocurrió un aparición frente a este altar. Delante del Santo Grial estaba un obispo anciano arrodillado rezando . Todos los presentes: nobles, sacerdotes y los caballeros, se hincaron y el obispo celebró misa con ellos. Luego se dirigió a Sir Galahad y dijo: "Ven, acércate y verás lo que tanto anhelaste". Sir Galahad se acercó, titubeó unos segundos y se volteó hacia sus amigos. Con un gesto se despidió de ellos. En su rostro se veía reflejada la satisfacción de lograr el más grande sueño que se pueda tener.Después se arrodilló junto al obispo y cayó muerto al suelo. Su alma subió con un grupo de querubines y las reliquias desaparecieron para siempre. Sir Percival y Sir Bors enterraron a Sir Galahad. Percival se dedicó desde entonces a una vida ermitaña y moriría después de un año. Fue Sir Bors quien regresó a Camelot y le contó al rey Arturo y a la reina cuanto había acontecido. El rey comprendió que al haberse acabado la búsqueda del Grial, ya no le quedaba mucho tiempo de vida a su reino. El gobierno del rey Arturo entró pronto en franca decadencia. Ya la Orden no era tan gloriosa como antes. Las intrigas dentro de la corte comenzaban a desestabilizar la paz del reino. Una de estas intrigas ocasionó un hecho triste y que luego desencadenaría la guerra civil. Sir Mordrer y Agravine tramaron una trampa a Sir Lancelot y la reina. Estos caballeros tenían desde hacía un buen tiempo deseos de adueñarse del poder y destronar o provocar la caida de Arturo. Encerraron pues a Lancelot y a la reina en un cuarto y luego exigieron a grandes voces y acompañados de un cuerpo de caballeros que salieran. Todo esto con la intención de demostrarle al rey de las relaciones adúlteras de la reina con su más querido caballero. Sir Lancelot abrió la puerta y dejó entrar a uno de los caballeros y la cerró rápidamente. Mató al caballero y luego volvió hacer lo mismo repetidas veces hasta que mató a trece caballeros. Entre ellos estaba Agravine. Entonces Mordred le informó a Arturo que había que apresar a Lancelot por traicionar al reino, pues estaba claro sus intenciones de destronarlo y quedarse con la reina. El destino de la reina seria la hoguera, pues era una pecadora. Los caballeros tomaron diferentes partidos. Algunos defendieron a Lancelot, otros seguían al lado de Arturo. El rey estaba confundido, no podía frenar la cruenta lucha. No quería creer lo de la traición de Guenevere, pero la matanza que había realizado Lancelot no le parecía justa. Sir Lancelot quería acabar con la lucha, pero tenía que detener a la gente de Mordred que intentaba quemar en la hoguera a Guenevere. Salvó a la reina, pero en la lucha tuvo que enfrentar a Sir Gareth y a Sir Gaheris, hermanos de Gawain, y les dió muerte. En uno de los momentos de gran combate el rey cayó al suelo y Sir Bors que apoyaba a Sir Lancelot le dijo a éste: "Señor, si quiere lo mato y acabamos con esta lucha". Sir Lancelot le dijo inmediatamente que no y ayudó al rey a subirse al caballo. Este episodio le dolió mucho, tanto a él como al rey. Lancelot le confió a Arturo la suerte de la reina, éste le prometió que sería respetada su vida. Al final decidió irse al exilio hacia Francia. Sir Gawain juró perseguir al asesino de sus hermanos hasta matarlo. Se hizo acompañar del mismísimo Arturo para lograr su venganza, pero no podría satisfacer sus deseos, pues Lancelot lo derrotó en un fuerte duelo donde casi pierde la vida. Mientras todo esto sucedía, Mordred había informado oficialmente a todo el reino de la muerte del rey Arturo y se autoproclamó como su sucesor. El rey Arturo partió entonces junto con Gawain y un gran ejército para recuperar el poder. En la primera batalla contra las fuerzas de Mordred, Sir Gawain cayó mortalmente herido. Sus últimas palabras fueron de arrepentimiento por no haberse dado cuenta a tiempo de la alta traición de Mordred y se confesó culpable de haber alejado al rey Arturo de Camelot para saciar su venganza. Escribió una carta corta a Lancelot donde le rogaba que regresara a Inglaterra y ayudara al rey a derrotar a los traidores. Luego de esto, murió. La noche anterior a la última batalla contra Mordred, Arturo tuvo un sueño donde Gawain le decía que debía esperar a Lancelot para enfrentar a las fuerzas del traidor. Si no hacía esto, moriría junto a Mordred. El rey decidió entonces llegar a un acuerdo de paz con Mordred, para darle tiempo a que llegara Sir Lancelot. Mordred aceptó y se citaron un día para hacer oficial la firma del tratado de paz. En esta cita se hicieron acompañar los dos líderes de todo su ejército. El clima era tenso y un mal movimiento podía desencadenar la lucha. Fue la providencia la que ocasionó la desgracia: una serpiente mordió la pata de un caballo y el jinete sacó su espada para matarla. Esto fue entendido por el ejército contrario como una señal de guerra y se lanzaron todos ferozmente a la batalla. La mortandad fue increíble. Perdieron la vidamás de cien mil soldados. De las tropas de Arturo solo sobrevivió Sir Bevidere. Mordred quedó solo. El rey vio ante sí a su enemigo y dijo: "Ven vida, ven muerte!". Y se lanzó, con Excalibur en la diestra, a matar a Mordred. Éste murió instantáneamente, pero Arturo cayó encima de la espada de su adversario y quedó a su vez muy mal herido. Arturo quedó tirado en el suelo y recordó el mensaje que tenía escrito su espada en un lado: "Arrójame lejos". Entonces llamó con voz débil a Sir Bevidere y le dijo: "lleva mi espada cerca del agua y arrójala lejos. Sir Bevidere tomó la espada pero no quiso deshacerse de ella y la escondió y le contó a Arturo que ya lo había hecho. El rey le preguntó que qué había pasado cuando la lanzó y Bevidere respondió que solo había visto a la espada entrar en el agua. Arturo lo reprendió y le dijo que era un mentiroso y le exigió que cumpliera su petición. Bevidere trató de engañar nuevamente al rey pero éste se enfadó lo suficiente como para convencerlo de que debía hacerlo. Al lanzar la espada al agua salió de su centro un misteriosso brazo desnudo el cual tomó la espada y se hundió con ella. El caballero quedó profundamente sorprendido y asustado por el fenómeno que acababa de ver. Al contárselo a Arturo, éste sintió alivio y dijo: "ahora, llévame a mi cerca del agua". Cuando llegaron a la orilla del lago, una balsa estaba esperandolos. En la balsa estaban tres reinas vestidas de luto, con sus rostros tapados por un velo negro. Sir Bevidere colocó a su rey en la balsa y con lágrimas enlos ojos se despidió de él. La balsa surcó las aguas y desapareció de la vista. Nunca se supo el destino del cuerpo de Arturo y mucho menos la identidad de las reinas que lo acompañaban en la balsa. Días después,Sir Bevidere se encontró con una capilla, en la cual habían enterrado a un señor que habían traído tres misteriosas damas vestidas de negro. El noble caballero supuso que ese era el cuerpo de Arturo y decidió construir una capilla cerca y dedicarse a una vida ermitaña. Mientras todo eso había sucedido, Sir Lancelot se encaminaba a apoyar las fuerzas de Arturo. Pronto se encontró con la tumba de Gawain y se enteró de la muerte del rey. Se dirigió entonces hacia la capilla de Sir Bevidere donde se dedicaría hasta el fin de sus días a la vida ermitaña. Cuando murió la reina, poco después que su esposo, se trasladó su cuerpo a la capilla donde se suponía yacía el cadáver del rey Arturo. El reino de Arturo había llegado a su fin. La anarquía reinaría un buen tiempo. La corte del rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda se convertirían en leyenda y nunca más volverían a coincidir hombres tan dignos con ideales tan puros en un mismo lugar y en una misma época. Fuente Consultada: Las Curiosas Leyendas Celtas
Al comienzo de las aventuras de Arturo como Rey de Inglaterra, Merlín lo conduce a la enigmática Dama del Lago, que, a su vez, lo lleva a una laguna de aguas cristalinas donde encuentra la mítica Excalibur, tomándola de un brazo enjoyado de mujer que surge de las profundidades del lago. A pesar de que suponemos que la Dama del Lago es una hechicera de grandes poderes o incluso un espíritu del bien, esta encuentra la muerte a manos de un caballeros vengativo, sin que se encuentre un motivo en los textos para ello**. Tras la muerte de la Dama, no vuelve a tomar parte del ciclo de Arturo salvo modernas excepciones y la influencia del cine, que nos han hecho creer que la importancia de la Dama del Lago fue mucho mayor en la historia de Camelot. Por cierto, según las crónicas más antiguas que hablan de Arturo, la espada en la piedra que éste toma para convertirse en rey por derecho no corresponde a Excalibur como mucha gente cree, aunque en este punto las opiniones varían mucho y difícilmente puede formarse una opinión auténtica pues, no lo olviemos, hablamos de leyenda y mito.
Lo que se oculta al joven aficionado al hobbye es que donde termina la leyenda de Repanse comienza el calvario de Juana: Tras la victoria de la joven bretoniana se pone punto y final a su historia, mientras que la Doncella de Orlèans fue víctima de las conjuras palaciegas y acabó siendo juzgada y condenada a la hoguera por blasfemia (al asegurar que era paladín de una misión divina), a pesar de haber contado hasta entonces con la bendición del Delfín de Francia, el rey Carlos VI, así como el apoyo incondicional del pueblo. Solo a principios del siglo XX, la Iglesia rectificó su error y acabó santificando a la heroína, santa ya para el pueblo francés.
La traducción de Leoncoeur no ofrece lugar a dudas para reconocer al Rey Ricardo en el personaje montado en la terrorífica bestia; a pesar de ello, hemos de recordar que los bretonianos no domesticaban a los monstruos, sino que acostumbraban a matarlos como parte de sus gestas. Es difícil imaginar a un gran señor de Bretonia montado en una bestia alada que causa Terror, pero mejor no levantar mucho la voz, que, como está el patio, puede que alguien relacionado con Games Workshop nos escuche y tengamos que conformarnos con caballitos de madera para que nuestros Comandantes lideren a sus aguerridos Caballeros hacia la batalla...
Cuenta la leyenda que Uther, Rey de lo que se conoce ahora como Gran Bretaña, decidió un día firmar la paz con uno de sus más fieros enemigos: el duque de Cornwall. Para ello invitó al duque y a su señora esposa a su castillo. Cuando Uther conoció a la duquesa Ingraine quedó totalmente enamorado de ella. 
Cuando Arturo escuchó las noticias que le traía Merlin, se alegró mucho y mandó a Sir Lancelot (su mejor caballero) a recibir a Guenevere y llevarla a Palacio. Cuando Sir Lancelot vió por primera vez a la futura reina se enamoró perdidamente y ella a su vez le sucedió lo mismo. Pero estaban conscientes de la situación en que estaban y prefirieron no hacer nada al respecto (por el momento).
Años después se presentó al palacio un gran sabio. Arturo lo hizo pasar. El anciano al ver el puesto vacante llamado: "el puesto peligroso", dijo: "El espíritu de Merlín me visitó y me dijo que en ese asiento se habrá de sentar el caballero más digno y más puro del reino, aquel que conseguirá traer el Santo Grial. Este caballero aún no ha nacido". Todos los que estaban reunidos se sorprendieron por la revelación y Arturo se sorprendió más por cuanto ni siquiera sabía de la muerte del mago.
HISTORIA DEL MATRIMONIO
La palabra matrimonio puede ser usada para denotar la acción, contrato, formalidad, o ceremonia en la que la unión conyugal es creada, o para la unión en sí, en su condición de permanente. En este artículo tratamos, en gran parte, del matrimonio como condición, y de sus aspectos morales y sociales. Normalmente es definido como la unión legítima entre marido y mujer. "Legítimo" indica la sanción de una ley, ya sea natural, evangélica, o civil, mientras que la frase, "marido y mujer", implica los derechos mutuos en las relaciones sexuales, de la vida en común, y de una unión permanente. Las dos últimas características distinguen el matrimonio del concubinato y de la fornicación, respectivamente. La definición, sin embargo, es lo suficientemente amplia como para comprender la poligamia y la poliandria, cuando estas uniones son permitidas por el derecho civil; pues en tales relaciones hay tantos matrimonios como individuos del sexo numéricamente mayor. Podemos ciertamente dudar que la promiscuidad, la condición en la que todos los hombres de un grupo mantienen relaciones y viven indiscriminadamente con todas las mujeres del mismo, sea llamada matrimonio. En semejante convivencia, la relación y vida doméstica está desprovista de la exclusividad que normalmente está asociada a la idea de una unión conyugal.
(1) Teoría de la Primitiva Promiscuidad
Todas las autoridades están de acuerdo en que en tiempos históricos la promiscuidad era inexistente o que se daba sólo en pequeños grupos. ¿Prevaleció en algún tipo de escala durante el periodo prehistórico de la especie? Un considerable número de antropólogos que escribieron entre 1860 y 1890, como por ejemplo, Bachofen, Morgan, McLennan, Lubbock, y Giraud-Teulon, declaran que éste era el tipo de relación entre los sexos casi entre todas las personas. Esta teoría ganó con tal rapidez gran número de adeptos, que en 1891 era, según Westermarck, "considerada por muchos escritores como una verdad demostrada" (History of Human Marriage, pág. 51). Apeló bastante a los que creían en la evolución orgánica, los cuales presuponían que las costumbres sociales del hombre primitivo, incluso las relaciones sexuales, deben de haber diferido muy poco de los usos correspondientes entre los brutos. Ha sido ávidamente asumida por los Socialistas Marxistas, debido a la similitud con sus teorías de la propiedad común primitiva y del determinismo económico. Según esta última hipótesis, todas las demás instituciones sociales están, y lo han sido siempre, determinadas por las instituciones económicas subyacentes; por ello, en la situación original de la propiedad común, las esposas y maridos deben de haber sido igualmente comunes (véase Engles, "The Origin of the Family, Private Property, and the State", tr. del alemán, Chicago, 1902). De hecho, la moda temporal que disfrutó la teoría de la promiscuidad se debió en gran grado, aparentemente, a teorías a priori, como las que hemos mencionado, y a su deseo de creer en ello, que a evidencias positivas.
El único testimonio directo a su favor, lo encontramos en las fragmentarias declaraciones de algunos escritores antiguos, como Herodoto y Estrabón, acerca de unas pocas personas sin importancia, y en los relatos de algunos viajeros modernos que se basan en algunas tribus primitivas de la actualidad. Ninguna de estos testimonios muestran con claridad que las personas a quienes se refieren practican la promiscuidad, y estos dos son muy poco para justificar la generalización de que todas las personas vivieron originalmente en las condiciones que ellos describen. En cuanto a evidencias indirectas en favor de esta teoría, se basan en la inducción de algunas costumbres sociales, tales como el trazar el parentesco a través de la madre, la prostitución religiosa, las relaciones prematrimoniales en algunos pueblos primitivos, y por la comunidad primitiva de bienes, (ninguna de estas condiciones ha sido universal en fase alguna del desarrollo humano, y cada una de ellas puede ser explicadas de manera más fácil y natural de otra manera que asumiéndola como promiscuidad. Podemos decir que los argumentos positivos en favor de la teoría de la promiscuidad primitiva parecen insuficientes para darle cualquier tipo de probabilidad, mientras que los argumentos biológicos, económicos, psicológicos, e históricos dados en su contra por muchos escritores recientes, por ejemplo Westermarck (op. cit., iv-vi) parecen considerarlos indignos de seriedad alguna. La actitud de los estudiosos contemporáneos es descrita de esta manera por Howard: "Las investigaciones de algunos escritores recientes, especialmente las de Starcke y Westermarck, si bien confirman y van más allá de las conclusiones más tempranas de Darwin y Spencer, establecen la posibilidad que el matrimonio o unión entre un hombre y una mujer, aunque a menudo era transitoria y la regla frecuentemente violada, era la forma típica de unión sexual desde los comienzos de la raza humana" (History of Matrimonial Institutions, I, pp. 90, 91).
(2) Poliandria y Poligamia
Una desviación de la forma típica de unión secular que, sin embargo, también es llamada matrimonio, es la poliandria, la unión de una mujer con varios hombres al mismo tiempo. Ha sido practicada en varios momentos por un número considerable de personas o tribus. Existió entre los antiguos bretones y árabes, los habitantes de las Islas Canarias, los aborígenes de América, los hotentotes, los habitantes de la India, Ceilán, Tíbet, Malabar, y Nueva Zelanda. En la gran mayoría de estos casos, la poliandria fue una forma excepcional de unión conyugal. La monogamia e incluso la poligamia eran mucho más frecuentes. Parece ser que el mayor número de uniones poliandras fueron las llamadas fraternas; es decir, los esposos de un grupo conyugal eran todos hermanos. Frecuentemente, si no lo era generalmente, el primer marido tenía mayores derechos conyugales y domésticos que los otros, siendo, de hecho, el marido principal. Los otros sólo eran maridos en un sentido secundario y limitado. Ambos casos muestran que incluso en los comparativamente pocos casos en que se daba la poliandria, ésta era ablandada en dirección a la monogamia; la esposa no pertenecía a varios hombres totalmente independientes, sino a un grupo unido por los lazos más íntimos de la sangre; ella se casaba con una familia en vez de con una persona. Y el hecho de que uno de sus consortes poseía mayores privilegios matrimoniales, muestra que ella tenía sólo un marido en el sentido pleno de la palabra. Algunos escritores, por ejemplo McLennan (Studies in Ancient History, pp.112, sq.) han afirmado que el levirato, la costumbre que obligaba al hermano de un marido difunto ha casarse con su viuda, tuvo su origen en la poliandria. Pero el levirato puede ser explicado sin este tipo de hipótesis. En muchos casos simplemente indicaba que la esposa, al ser propiedad del marido, era heredada por su más cercano heredero, es decir, su hermano; en otros casos, como entre los antiguos hebreos, era con el fin evidente de continuar con el nombre, familia, e individualidades del difunto marido. Si el levirato señalara en todos los casos a una condición anterior de poliandria, esta última debió de haber sido mucho más común de lo que muestran las evidencias directas. Se sabe con certeza que el levirato existió entre los habitantes de Nueva Caledonia, los indios piel roja, los mongoles, afganos, hindúes, hebreos, y abisinios; pero en ninguno de estos pueblos encontramos rastros de poliandria. Las causas principales de poliandria eran la escasez de mujeres, debido al infanticidio de las mismas y a la apropiación de muchas mujeres por parte de muchos jefes polígamos y los poderosos de la tribu, y a la escasez de comida que hacía imposible que cada miembro masculino de una familia mantenga a una esposa. Incluso hoy la poliandria no es totalmente desconocida. Se encuentra en alguna magnitud en el Tíbet, en las Islas Aleutianas, entre los hotentotes, y los cosacos de Zaporogian.
La poligamia (muchos matrimonios) o más correctamente, la poliginia (muchas esposas) ha sido, y todavía es bastante más común que la poliandria. Existió entre la mayoría de pueblos antiguos conocidos en la historia, y se da en la actualidad en algunas naciones civilizadas, así como en la mayoría de tribus primitivas. Los únicos grupos importantes de la antigüedad que han tenido pequeño o ningún rastro de ella, han sido los griegos y los romanos. No obstante, el concubinato, que puede ser considerado como una forma más alta de poligamia o por lo menos como lo más parecido a la monogamia, fue durante muchos siglos reconocido por las costumbres e incluso por las leyes de estas dos naciones (véase Concubinato). Hoy en día, esta costumbre se sigue dando especialmente entre quines están bajo la influencia del mahometismo, como por ejemplo, en Arabia, Turquía, y algunos en la India. Entre las razas primitivas, se da principalmente en el África. Sin embargo, la poligamia se ha extendido sólo de manera territorial, y nunca ha sido practicada por más que una pequeña minoría. Incluso en los lugares que ha sido prohibida por la costumbre o el derecho civil, la inmensa mayoría de la población era monógama. Las razones son obvias: no hay suficientes mujeres para que cada hombre tenga varias esposas, ni la mayoría de hombres están en capacidad de mantener más de una. Por ello, los matrimonios polígamos se dan mayormente entre los reyes, jefes, los poderosos, y los ricos de la comunidad; y parece que normalmente se daba bajo la forma de bigamia. Es más, las uniones polígamas son, como regla, modificadas en la dirección de la monogamia, ya que una de las esposas, normalmente la primera, ocupa un lugar más elevado en la casa que las otras, o una de ellas es la favorita, y tiene grandes privilegios en sus relaciones y trato con el marido común. Entre las causas principales de la poligamia tenemos:
La relativa escasez de varones, a veces por causa de las numerosas y devastadoras guerras, y a veces por un exceso de nacimientos de mujeres; la renuencia del marido a permanecer continente cuando las relaciones con su esposa son indeseables o imposibles; y los deseos lujuriosos. Otra causa, o más propiamente una condición, es un cierto grado de avance económico de una persona, y una cierta cantidad de riqueza acumulada por algunos individuos. En las sociedades más humildes la poligamia es casi desconocida, ya que la caza o pesca son los medios principales de sustento, y el trabajo de las mujeres no tiene valor que tienen cuando las esposas pueden trabajar cuidando los rebaños, cultivando el campo, o realizando trabajos manuales. Antes de que se llegase a la época pastoral pocos podían darse el lujo de mantener varias mujeres. Pero, cuando, se dio cierta acumulación de riqueza, la poligamia se empezó a dar entre los más adinerados, y entre aquellos que podían aprovechar el trabajo de sus esposas. Podemos concluir que esta práctica ha sido más frecuente en algunos pueblos salvajes y bárbaros no tan antiguos entre los más antiguos; incluso, en épocas más antiguas, se tendía hacia cierto tipo de monogamia.
Ahora podemos resumir la situación histórica sobre las formas de unión sexual y de matrimonio usando las palabras de una de las autoridades vivientes más capaces en este campo de investigación:
No es en lo absoluto imposible que, en algunos pueblos, la relación entre los sexos haya podido ser casi promiscua. Pero no existen evidencias genuinas para declarar que la promiscuidad estuvo presente de forma generalizada en una etapa de la historia de la humanidad… aunque la poligamia se ha dado entre la mayoría de los pueblos existentes, y la poliandria en algunos, la monogamia es por lejos la forma más común de matrimonio humano. Lo fue así entre nuestros antepasados, de quienes tenemos ciertos conocimientos directos. La monogamia es la forma más reconocida y permitida. La gran mayoría de personas es, por lo regular, monógamo, y las demás formas de matrimonio normalmente son modificadas hacia la monogamia. Podemos sin duda alguna afirmar que, si el avance de la humanidad sigue siendo como hasta ahora; si, por consiguiente, los motivos a los que la monogamia en las sociedades más avanzadas debe su origen continúan operando con una fuerza constantemente creciente; si, sobre todo, el altruismo aumenta y el sentimiento de amor se vuelve más refinado y más exclusivamente dirigió hacia uno, las leyes de la monogamia no podrán nunca ser modificadas, pero deberán vivirse de una manera más estricta de cómo se ha venido haciendo hasta ahora (Westermarch, op.cit., pp. 133, 459,510).
La experiencia de la especie, particularmente en su movimiento hacia el progreso de la civilización, ha aprobado la monogamia por la simple razón que la monogamia está en armonía con los elementos esenciales e inmutables de la naturaleza humana. Tomando la palabra natural en su sentido pleno, podemos afirmar que la monogamia es la única forma natural de matrimonio. Mientras la promiscuidad responde a ciertas pasiones elementales y satisface temporalmente ciertas necesidades superficiales, se opone a nuestro instinto paternal, el bienestar de los niños y de la especie, y a la irresistible fuerza de los celos y de la preferencia individual tanto de los hombres como de las mujeres. Mientras la poliandria satisfizo en alguna medida las necesidades temporales y excepcionales que se dieron por la escasez de comida o de mujeres, encuentra una barrera insuperable en los celos masculinos, en el sentido masculino de la propiedad, y se opone directamente al bienestar de la esposa, y es fatal para la fecundidad de la especie. Si bien la poligamia ha prevalecido entre muchos pueblos y por tan largo periodo de la historia, hasta poder sugerir que es en algún sentido natural, y si bien parece proporcionar una cierta satisfacción al cada vez más fuerte y frecuente deseo masculino, choca con la igualdad numérica de los sexos, con los celos, el sentido de propiedad, igualdad, dignidad y bienestar de la mujer, y con los mejores intereses de la prole.
En todas aquellas regiones en que la poligamia ha existido o todavía existe, la posición social de la mujer es sumamente baja; ella es considerada como una propiedad del varón, no como su compañero; su vida, invariablemente, está llena de grandes sufrimientos, y sus calidades morales, espirituales, e intelectuales son casi totalmente ignorados. Además, el varón es en el sentido más pleno de la palabra, naturalmente monógamo. Sus facultades morales, espirituales, y estéticas sólo pueden desarrollarse de manera normal cuando sus relaciones sexuales se limitan a una mujer, viviendo en común y en la unión duradera dadas por la monogamia. El bienestar de los hijos, y, por consiguiente, de la especie, obviamente exige la atención y cuidado de ambos como pareja, y no de forma dividida. Cuando hablamos de lo natural en toda institución social, necesariamente tomamos como norma, no la naturaleza en un sentido superficial o unilateral, o en su estado salvaje, o como puede darse en unos individuos o en una sola generación, sino que la consideramos de manera adecuada, en todas sus necesidades y capacidades, presente en todas las generaciones del presente y futuras, y tal como aparece en aquellas tendencias que la guían hacia su desarrollo más pleno. El veredicto de la experiencia y el llamado a un refuerzo de lo natural, por consiguiente, la enseñanza cristiana de la unidad del matrimonio. Además, el progreso de la humanidad hacia la monogamia, así como hacia una más pura monogamia, durante los últimos dos mil años, se debe más a la influencia del cristianismo que a todas las demás fuerzas combinadas. El cristianismo no sólo ha abolido o disminuido la poliandria y la poligamia entre los pueblos salvajes y bárbaros que ha convertido, sino que también ha preservado a Europa de la civilización polígama del mahometismo, ha protegido el ideal de la monogamia ante la mirada de los personajes más ilustrados, y ha dado al mundo la concepción más plena de la igualdad que debe existir entre el varón y la mujer que conforman una pareja matrimonial. También, su influencia a favor de la monogamia la ha extendido, y continúa extendiéndola, más allá de los confines de los países que se llaman a sí mismos cristianos.
(3) Desviaciones del Matrimonio
Nuestro tratado sobre las diferentes formas de matrimonio quedaría incompleto sin una referencia a aquellas prácticas que de alguna u otra manera existen, y que son además una trasgresión del matrimonio. El libertinaje sexual que es casi semejante a la promiscuidad parece haber prevalecido entre algunos pueblos o tribus. En algunos pueblos primitivos la mujer, especialmente las solteras, practicaban la prostitución como acto religioso. Algunas tribus, tanto antiguas como relativamente modernas, han mantenido la costumbre de entregar a la recién casada a los parientes e invitados del novio. Las relaciones sexuales prematrimoniales han estado prohibidas en algunos pueblos primitivos. En algunas tribus salvajes el marido permitía a sus invitados tener relaciones sexuales con su esposa, o la alquilaba. Se conocen ciertas culturas no civilizadas que tenían la costumbre de realizar matrimonios de prueba, matrimonios que sólo comprometían a la pareja sólo cuando les nacía un hijo, y matrimonios que obligaban a la pareja sólo durante algunos días de la semana. Si bien la practica generalizada de lo que se conoce como el jus primae noctis no tiene ninguna base histórica, y hoy en día se admite que fue una invención de los enciclopedistas, en algunas ocasiones, se les exigió a las siervas someterse a su señor antes de tener relaciones sexuales con sus maridos (Schmidt, Karl, "Jus Primae Noctis, a historical examination"). Las jóvenes japonesas solteras de las clases más pobres frecuentemente pasaban parte de su juventud como prostitutas, con el consentimiento de sus padres y aprobación de la opinión pública.
El concubinato, la práctica de formar una especie de unión duradera con una mujer que no es la esposa, o una unión similar entre una pareja de solteros, ha prevalecido en alguna forma entre la mayoría de los pueblos, incluso entre algunos que habían llegado a un alto grado de civilización, como los griegos y romanos (para conocer más detalles sobre las declaraciones anteriores, véase Westermarck, op, cit., passim). En una palabra, la fornicación y el adulterio han sido bastante comunes en todas las épocas de la historia del mundo y entre casi todas las civilizaciones, para inquietud de los moralistas, estadistas, y sociólogos. Debido al crecimiento de las ciudades, el cambio en las relaciones entre los sexos en la vida social e industrial, el decaimiento de la religión, y el relajo del control paterno, estos males han aumentado bastante en los últimos cien años. La magnitud que la prostitución y las enfermedades venéreas están socavando la salud mental, moral y física de las naciones, es en sí mismo una prueba rotunda de que las elevadas y estrictas normas de pureza que proclama la Iglesia católica, tanto dentro como fuera de las relaciones matrimoniales, constituyen el único resguardo adecuado para la sociedad.
(4) El divorcio
Es una modificación de la monogamia y se opone tanto a su espíritu como la poliandria, la poligamia y el adulterio. De hecho, requiere que la pareja espere cierto tiempo o contingencia antes de romper la unidad del matrimonio, pero es de hecho una violación de la monogamia, de la unión perdurable de marido y mujer. Aunque es practicada en casi todos los pueblos, ya sean salvajes o civilizados. Los únicos pueblos que aparentemente nunca lo han practicado o reconocido formalmente, son los habitantes de las Islas Andamán, algunas de Papúa-Nueva Guinea, algunas tribus del Archipiélago Índico, y los veddas de Ceilán. Entre la mayoría de pueblos no civilizados parece ser que las uniones matrimoniales que duraban hasta la muerte eran una práctica poco común. Resulta cierto afirmar que en la mayoría de pueblos no civilizados el marido estaba autorizado a divorciarse de su esposa en el momento en que lo deseaba. Una gran mayoría de los más desarrollados pueblos que estaban fuera del influjo del cristianismo restringían el derecho de divorcio al marido, aunque las razones para poder realizarlo, eran, por lo general, no tan numerosos como entre los pueblos no civilizados. Sin embargo, cuando estos países adoptaron la religión católica, el divorcio fue muy pronto abolido, y continuó siéndolo mientras el Estado reconocía oficialmente la religión. Los primeros emperadores cristianos, como Constantino, Teodosio y Justiniano, legalizaron esta costumbre, pero, antes del décimo siglo las enseñanzas católicas sobre la indisolubilidad del matrimonio ya se habían incluido en la legislación civil de los países católicos (véase Divorcio). Las Iglesias Orientales separadas de Roma, entre ellas la Iglesia Ortodoxa griega, y todas las sectas protestantes, permiten el divorcio en distintos grados, y esta práctica prevalece en los países en los que estas Iglesias ejercen una considerable influencia. En algunos países no-católicos el divorcio es sumamente fácil de conseguir y escandalosamente frecuente. Entre 1890 y 1900 los divorcios realizados en los Estados Unidos promediaron 73 por cada 100,000 habitantes por año. Esta proporción era dos veces mayor que la de cualquier otra nación Occidental. La proporción en Suiza era de 32; en Francia, 23; en Sajonia, 29; y en la mayoría de países europeos, menos de 15. Hasta ahora, según nos informan las estadísticas, sólo un país en el mundo, a saber, Japón, tenía una mayor proporción que los Estados Unidos, con una proporción de 215 por cada 100,000 habitantes del Reino Florido. En la mayoría de los países civilizados la proporción de divorcios está aumentando, de manera lenta en algunos, y muy rápidamente en otros. Proporcionalmente a la población, hoy en día, en los Estados Unidos se han realizado aproximadamente dos y medio divorcios más que los que se realizaron hace cuarenta años.
Pero la práctica de querer disolver la unión matrimonial por medio de la ley, no se reduce a los protestantes, cismáticos, y a los países paganos. También se da con cierta magnitud en los países católicos de Europa, excepto en Italia, Portugal, y España. América del Sur es el continente en donde menos se da. La mayoría de los países en esta división geográfica no permiten el divorcio. Un hecho notable para la historia del divorcio es que en aquellos países que nunca han sido evangelizados, y aquellos que han permanecido fieles a las enseñanzas cristianas durante un tiempo corto (por ejemplo, las regiones que cayeron bajo el influjo mahometano) realizaron esta práctica con términos más favorables para el marido que para la mujer. La única excepción importante a esta regla fue la Roma pagana durante los últimos siglos de su existencia. En países modernos en donde el divorcio es permitido, y que todavía se llaman cristianos, la mujer tiene las mismas facilidades que el marido para poder realizarlo; pero esto se debe indudablemente a la influencia que ejerció el cristianismo en la creación del estado civil y social de la mujer durante el largo periodo en el que el divorcio estaba prohibido. A la larga, el divorcio es, inevitablemente, más perjudicial para la mujer que para el hombre. Si la mujer divorciada permanece soltera, por lo general tiene mayores dificultades para su manutención que el hombre divorciado; si ella es joven, las posibilidades que tiene para volver a casarse, son, de hecho, iguales que las de un hombre divorciado que es joven; pero si ella es mayor, la posibilidad de que encontrará un esposo conveniente es menor que en el caso de su marido separado.
El hecho de que en los Estados Unidos más mujeres que hombres solicitan el divorcio no prueba nada en contra las declaraciones que acabamos de dar; ya que no sabemos si a estas mujeres les ha sido fácil conseguir otros maridos, o si su nueva condición era mejor que la anterior. El frecuente recurso al divorcio de las mujeres americanas es comparativamente un fenómeno reciente, e indudablemente se debe más a la emoción, a esperanzas imaginarias, y a un uso apresurado de la libertad recién adquirida, que para calmar y poder realizar un adecuado estudio de las experiencias de otras mujeres divorciadas. Si la facilidad presente con que se da el divorcio continúa cincuenta años más, las desproporcionadas penurias de las mujeres serán tan evidentes, que lo más probable es que el número de ellas que abusa de él, o lo aprueban, será bastante menor de lo que es hoy.
Los males sociales de los divorcios fáciles son tan obvios que la mayoría de americanos está, indudablemente, en favor de una política más estricta. Uno de los males de más largo alcance debido a esto es una idea bastante deteriorada de lo que es la fidelidad conyugal; pues cuando una persona considera la posibilidad de volver a casarse por una cantidad de razones ligeras como algo totalmente legal, su sentido de obligación hacia su pareja no puede ser ni muy fuerte ni profundo. Paralelamente no puede parecer mucho peor que la pluralidad sucesiva de relaciones sexuales. El promedio de marido y mujeres que se divorcian por una causa trivial son menos fieles unos a otros mientras dura su unión temporal que el promedio de parejas que no cree en el divorcio. Asimismo, el divorcio fácil da ímpetu a las relaciones ilícitas entre solteros, ya que tiende a destruir la conciencia que se da entre el concepto de relación sexual y unión permanente entre un hombre con una mujer. Otro mal es el aumento del número de matrimonios apresurados e infelices entre personas que consideran el divorcio como una fácil solución a sus posibles errores. Además, los hijos de parejas divorciadas se ven privados de su herencia natural, es decir, la educación y cuidado de ambos padres en un mismo hogar, y casi siempre sufren graves y variados daños. Finalmente, existe un daño moral. El matrimonio indisoluble es uno de los medios más eficaces para desarrollar el autodominio y el sacrificio mutuo. Muchos saludables inconvenientes son soportados pues no se pueden evitar, y muchas imperfecciones de carácter y temple son corregidas porque el marido y la mujer comprenden que sólo así es posible la felicidad conyugal. Por otro lado, cuando el divorcio se puede obtener fácilmente, no existe motivo suficiente por sufrir aquellas incomodidades que son tan importantes para la autodisciplina, el desarrollo de uno mismo, y la práctica del altruismo.
Todas las objeciones nombradas son válidas contra el divorcio frecuente, contra el abuso del divorcio, pero no contra el divorcio que involucre la separación de camas y mesa sin que signifique el derecho para contraer otro matrimonio. La Iglesia permite una cierta separación en algunos casos, principalmente, cuando uno de ellos ha cometido adulterio, y cuando la convivencia común sea causa de graves daños para el alma o el cuerpo. Si un divorcio se diera por alguno de estos dos casos, algunos declaran que sería socialmente preferible la separación sin derecho a volver a casarse, por lo menos para el que fue inocente. Pero sería ciertamente menos ventajoso a la sociedad que un régimen que no permita ningún tipo de divorcio. En los lugares en que la separación es permitida, requiere que esta sea en proporciones considerables sólo temporal, y el bienestar de los padres e hijos se beneficiará mucho más por medio de una reconciliación que si una de las partes formara otra unión matrimonial. Cuando no existen esperanzas de poder realizar otro matrimonio, las posibles ofensas que pudieran justificar una separación son menos comunes, y la separación probablemente será buscada sin fundamentos suficientes o se obtendrá a través de métodos fraudulentos. Es más, la experiencia nos muestra que cuando el divorcio es permitido por algunos motivos, hay una tendencia casi irresistible a aumentar el número de posibilidades legales, y de hacer menos estricta la administración de esta ley. Finalmente, la prohibición absoluta del divorcio tiene ciertos efectos morales que contribuyen de una manera fundamental y duradera al bienestar social. La idea popular impresa en el pensamiento sobre el matrimonio, es que es una relación exclusiva entre dos personas, y que las relaciones sexuales que se dan en ella, normalmente requieren una unión para toda la vida.
La obligación de un autodominio, y de la subordinación de la naturaleza animal a la naturaleza humana, a la razón y al espíritu, así como la posibilidad de cumplir con esta obligación, es enseñada de una manera más llamativa y práctica. La humanidad es con ello ayudada y animada ha alcanzar un plana moral más elevado. Las enseñanzas cristianas sobre la indisolubilidad, así como de la unidad del matrimonio, están en mejor armonía con la naturaleza de las mismas, y con las necesidades más profundas de la civilización. "Existen abundantes evidencias", dice Westermarck, "que el matrimonio, como un todo, se ha vuelto más durable a medida que el ser humano ha subido a los grados más elevados de civilización, y, que, una cierta cantidad de civilización es condición esencial para formación de una unión de por vida" (op. cit., pág. 535). Esta declaración nos lleva a dos generalizaciones admisibles y seguras: primera, que la prohibición del divorcio durante muchos siglos ha sido causa y efecto de aquellos 'más elevados grados de civilización' alcanzados: y, segunda, que la misma política ha de ser hallada esencial en el grado más elevado de civilización.
(5) Abstención del Matrimonio
Son pocas e insignificantes las excepciones entre los pueblos, salvajes o civilizados, que no han aceptado la religión católica, que no consideren con cierto desdén el celibato. Los miembros de pueblos no civilizados se casan a muy temprana edad, y tiene una proporción menor de personas célibes que las naciones civilizadas. Durante el último siglo la proporción de solteros ha aumentado en los Estados Unidos y en Europa. Las causas de este cambio son, en parte, económicas, ya que se ha hecho más difícil poder mantener una familia de acuerdo a las normas contemporáneas de vida; en parte sociales, ya que el aumento de placeres sociales y oportunidades han desplazado en cierto grado las aspiraciones e intereses domésticos; y en parte morales, pues la relajada noción de la castidad ha hecho que aumente el número de los que buscan satisfacer sus deseos sexuales fuera del matrimonio. Desde el punto de vista de la moral social y del bienestar social, el celibato moderno es casi un gran mal. Por otro lado, el celibato religioso proclamado y animado por la Iglesia es socialmente beneficioso, ya que muestra que la continencia es factible, y los religiosos con su vida célibe ejemplifican un grado más elevado de altruismo que cualquier otro grupo de la sociedad. La afirmación que el celibato tiende a que el estado matrimonial parezca bajo o indigna, es contradictorio con la opinión pública y la práctica en los países en que el celibato se considera un honor muy alto. Es pues precisamente en esos lugares en donde por lo general las relaciones entre los sexos son más puras (véase CELIBATO).
(6) El Matrimonio como una Ceremonia o Contrato
El acto, formalidad, o ceremonia en la que la unión matrimonial se crea, ha diferido ampliamente en épocas diferentes y entre las diferentes civilizaciones. Uno de las primeras y más frecuente costumbre acerca del matrimonio era la captura de una mujer por parte de su futuro marido, normalmente de otra tribu a la que él pertenecía. En la mayoría de los pueblos primitivos este hecho parece haber sido considerado un medios para conseguir esposa, más que la formación propiamente de la unión matrimonial. Luego de la captura, empezaba la convivencia, y esta, estaba generalmente desprovista de cualquier tipo de formalidad. La captura de esposas continuó de manera simbólica en muchos lugares después de que esta cesara. Todavía existe en algunos pueblos no civilizados, y en tiempos no tan lejanos se daba en algunos lugares de Europa Oriental. Después de que esta práctica se convirtiera en algo simulado, era frecuentemente considerado como la ceremonia en sí, o como un acompañamiento esencial del matrimonio. La captura simbólica ha dado en gran parte pie a la costumbre de comprar esposas, la cual prevalece hasta hoy en día en muchos pueblos no civilizados. Esta ha adquirido varias formas. A veces la persona que deseaba una esposa entregaba a cambio de ella a una parienta; a veces trabajaba durante un periodo de tiempo para el padre de su futura esposa, costumbre esta frecuente entre los antiguos hebreos; pero la más común era pagar por la novia una cantidad de dinero o con algún bien. Así como la captura, la compra se convirtió con el tiempo en un símbolo para significar la toma de una esposa y la formación de la unión matrimonial. A veces, sin embargo, era meramente una ceremonia de acompañamiento. Otras formas de ceremonias han acompañado o han constituido el inicio de la unión matrimonial, siendo la más común la de realizar algún tipo de celebración; todavía hoy en muchos pueblos no civilizados, los matrimonios se realizan sin ninguna ceremonia formal.
Para muchos pueblos no civilizados, y para la mayoría de los civilizados, los matrimonios son considerados un rito religioso o incluyen rasgos religiosos, aunque el elemento religioso no siempre es considerado un requisito de validez para dicha unión. El rito del matrimonio cristiano en un acto religioso del más alto nivel, a saber, es uno de los siete sacramentos. Si bien Lutero declaró que el matrimonio no era un sacramento sino un "acto mundano", todas las sectas protestantes han continuado considerándolo un acto religioso, pues normalmente lo realizan ante la presencia de un clérigo. Debido a la influencia luterana y a la Revolución francesa, se ha instituido el matrimonio civil en casi todos los países de Europa y de América del Norte, así como en algunos países de América del Sur. En algunos países el matrimonio religioso es esencial para la validez de la unión ante el derecho civil, mientras que en otros, por ejemplo en los Estados Unidos, es sólo una de las vías por las cuales un matrimonio se puede realizar. El matrimonio civil, no es, sin embargo, una institución de la post-reforma, pues existió entre los antiguos peruanos, y entre los aborígenes de América del Norte.
Ya sea visto como un estado o como un contrato, o desde el punto de vista religioso y moral o de bienestar social, el matrimonio aparece en su más elevada noción en las enseñanzas y prácticas de la Iglesia católica. El hecho de que este contrato sea un sacramento imprime en la mente popular su importancia y la santidad de la relación empezada. El hecho de que la unión sea indisoluble y monógama promueve en su grado más alto el bienestar de los padres e hijos, y estimula en toda la comunidad la práctica de la virtud del autodominio y del altruismo que son esenciales para el bienestar social, físico, mental, y moral .
POR : RONALD RAMIREZ OLANO
PARA LA REVISTA :ENFOAQUE PSICOSOCIALES


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